El dueño del hall

>> jueves, 4 de diciembre de 2008

Durante seis meses tuve que pasar frente al vestíbulo de un edificio ubicado en medio de dos clínicas. Invariablemente, a las 9 menos 10, 1 y cuarto y 2 y veinte de la tarde veía al portero con una prolija camisa blanca o cremita y un impresentable chaleco color rosa [a veces, también un suéter color naranja suave (jamás diré salmón, durazno ni menos pastel, porque eso no son colores)], apoyado impune y alternativamente en la escoba o secador de goma mirando y analizando a los que indefensos pasábamos frente a él. Este especimen se jacta de ser el "dueño" del edificio, adoptando una pose entre desafiante y jocosa, la primera con los desconocidos, la segunda con las mujeres, repitiendo siempre una misma frase: "cualquier cosita que necesite, véame en la portería". Lo que más me molestó de este personaje es la soberbia encapuchada, el complejo de chichón chiquito que quiere ser un chichonazo, la expresión de "no te ubico" que pasa a la de "este es el administrativo de las 9 menos diez". Nunca lo ví a la tarde, después de las siete de la tarde y supongo que es porque ya no era su horario, aunque me lo podía imaginar tras la persiana-postigo reconociendo pasos, perfumes, frenadas de colectivos. Este personaje engalana las veredas de muchas ciudades con su glamour de arrabal y su dialectica pueblerina. Yo ya no caminé más esas cuadras. Y él debe seguir estando allí.

1 votos a favor:

Javier 5 de diciembre de 2008, 0:00  

Le acabás de clavar un puñal: no hay peor cosa que les digan 'portero' :D

Ellos se creen "encargados".

Saludos!

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