Punto final

>> miércoles, 6 de junio de 2018

Entre tanto ruido, un momento de silencio no viene nada mal.
Capaz que eso fue, solamente una pausa.
Lo miró de frente con el sol apenas rozándole la frente y aún así la respuesta no cambió. Mordisqueó nerviosa la patilla de sus lentes y bajó la vista, sabiendo que le tenía que mentir.
- No, no estoy con nadie -la respuesta salió dubitativa y poco creíble.
Como un punto final al que no le caben secuelas ni capítulos homenaje, por lo menos por ahora, él entendió que ese silencio por venir sería más que una pausa, un vacío eterno.
Aún en la discordancia de deseos, él amándola más allá de su propio confort y ella también pero con el futuro en otra dirección, estuvieron de acuerdo en que un café siempre los reunirá para contarse las novedades.
La puerta del bar se cerró con suavidad, el brazo neumático amortiguó el golpe. Él esperó a que ella se suba al taxi y allí en plena vereda céntrica, a modo de despedida, derramó una última lágrima.

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Pesadumbres

>> domingo, 2 de julio de 2017

A la luz de la luna suceden los hechos. El satélite es testigo tanto de las más atroces faenas como de las escenas más románticas que la imaginación pueda recrear.
Saltar los escombros sin pensar qué habrá en la superficie de aterrizaje. Sin medir las consecuencias, sin pensar que el filo realmente nos hará daño en la piel. Solamente saltar, ir hacia adelante, avanzar y dejar que la oscuridad nocturna cobije lo que queda detrás.
Se siente como si una nube se estacionara sobre tu entendimiento, como si una niebla húmeda y pegajosa se instalara entre tus deseos y tu motricidad, dejándote sin norte, sin guía. Y entonces tu instinto se hace cargo, las pulsiones gobiernan por sobre la cordura y el sentido común es espectador de las barbaridades que solo los salvajes harían por garantizar su supervivencia.
Cerrar la puerta y mirar de cerca con la nariz pegada a la madera todo aquello que dejamos fuera; humedecer el barniz con nuestro aliento seguros de sentirnos a salvo aunque sea hasta el amanecer. Refugiarnos tras una taza de café ardiente, con los auriculares sobre nuestros oídos, aislar la realidad lo más posible a una mínima fantasía con límites cercanos, separar la miseria de la noche humana de lo ideal y rescatar la memoria del foso inmundo en el que había caído.
Corremos entonces las cortinas, dejamos fuera los gritos con un tenue hilo musical y oscurecemos aún mas el alma con el reóstato de la nostalgia.
Afuera, los fantasmas muerden insistentemente el tallo de las begonias; saben que alguien saldrá a mirar y entonces si...

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Unión

>> domingo, 11 de diciembre de 2016

En mi última noche decidí que no quería pasarla en soledad. Regresé a la habitación, me duché y salí a buscarla. La había visto hacía ya nos días al borde de la pileta, hablando con unos turistas canadienses. Después de eso, me acerqué y logré hablar con ella un par de veces, de nada en particular aunque mi mirada le decía inequívocamente lo que pensaba, lo que quería. Me senté junto a ella en el bar, acerqué mi boca a su oreja y le hablé sin rodeos. Ella me miró con sus ojos brillantes, introdujo su mano por debajo de mi camisa y me quemó con su piel, sin decir una palabra.
No perdimos ni un segundo más de tiempo.
Llegamos a tientas hasta la puerta de la habitación de tan absortos que estábamos en explorarnos los cuellos. Su aroma caribeño me intoxicaba, sus labios me inyectaban adrenalina, sus dedos al tocarme me producían descargas eléctricas.
No llegamos a la cama, caímos al suelo y rodamos en un tobogán infinito de placeres carnales y extasis...

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Postales de la ciudad

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