Unión

>> domingo, 11 de diciembre de 2016

En mi última noche decidí que no quería pasarla en soledad. Regresé a la habitación, me duché y salí a buscarla. La había visto hacía ya nos días al borde de la pileta, hablando con unos turistas canadienses. Después de eso, me acerqué y logré hablar con ella un par de veces, de nada en particular aunque mi mirada le decía inequívocamente lo que pensaba, lo que quería. Me senté junto a ella en el bar, acerqué mi boca a su oreja y le hablé sin rodeos. Ella me miró con sus ojos brillantes, introdujo su mano por debajo de mi camisa y me quemó con su piel, sin decir una palabra.
No perdimos ni un segundo más de tiempo.
Llegamos a tientas hasta la puerta de la habitación de tan absortos que estábamos en explorarnos los cuellos. Su aroma caribeño me intoxicaba, sus labios me inyectaban adrenalina, sus dedos al tocarme me producían descargas eléctricas.
No llegamos a la cama, caímos al suelo y rodamos en un tobogán infinito de placeres carnales y extasis...

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Reunión

>> sábado, 10 de diciembre de 2016

Amanece temprano. Es decir, sale el sol y aclara con sus rayos el claro de la arena y el turquesa del mar. Que no quiere decir que porque amanezca temprano uno deba levantarse de la cama. Aún hay tiempo, me dije y volví a abrazarte la cintura.

Tu piel me hizo estremecer. Cuando acerqué mi cara a tu espalda y pude así sentir ese aroma bestial de mujer mi decisión se tornó aún más clara. Allí, al borde de la playa, la escena podría parecer idílica, y de verdad lo era. Pero era aún mas trascendental.
Suavemente me deslicé fuera de la cama, fui al baño, me vestí lentamente y con desgano. Las cortinas se mecían al son de la brisa caribeña. Las copas con vestigios en su interior daban cuenta de lo ocurrido la noche anterior, al igual que ciertas prendas desperdigadas por el suelo de la habitación y la silla tumbada al pie del lecho compartido.
Apenas tu pecho se levantaba, suave ritmo que hipnotiza. Apenas tus pies cubiertos por el borde de la sábana, apenas tu vórtice protegido por tus piernas no menos acariciadas.
Busqué con la mirada la puerta, me di vuelta una última vez y salí sin hacer ruido. El avión que salía esa tarde nos daría una excusa para reencontrarnos en alguna otra ocasión.

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Soñando el sueño soñado

>> jueves, 21 de enero de 2016

En el final oscuro y silencioso de un día extremadamente ocupado, recosté mi exhausto cuerpo en relativa posición horizontal como premio por la actividad realizada y cerré los ojos queriendo potenciar el estado de inerte relajación que mis extremidades ya sentían.
Y me dormí.
Y así soñé que tenía alas, que podía moverme con eterna libertad en un espacio sin fronteras; allí había miles de seres que no se diferenciaban unos de los otros sino por sonidos muy agradables.
Soñé una cúpula grandiosa que protegía todo el entorno y puertas que se abrían dejando entrar una nueva brisa; en el centro una fuente surtía incansable a quien quisiera servirse un potaje de efecto desconocido.
Allí a la sombra de un muro me reconocí con los ojos cerrados, soñando.
Y pude ver en mi sueño, lo que soñaba.
El personaje soñado soñaba que los sueños de todos se cumplían, sin excepción. Aunque inmediatamente soñó que se despertaba, al tiempo que abría los ojos y me miraba fijo.

De golpe, sentí que me tomaban del hombro y que me llamaban a cenar.

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