miércoles, 20 de diciembre de 2023

Una carta cualquiera

Hola amiga de todos mis órganos vitales! (si pongo el corazón solo, los demás me hacen un paro general que termino en el hospital; el alma se queja pero por otras cosas!)

Preparando unos papeles para entregar (después te cuento para qué) encontré tu, creo, última carta y no pude esquivar el aluvión de párrafos que me generó, así que acá estoy llenando de letras una página que se me ocurre mejor estaba en blanco…

Estos últimos días, por no decir meses, se están haciendo interminables y muy dificultosos de transitar. Uno no sabe a ciencia cierta por qué, pero se hace una muy gran idea. En el buen sentido de la palabra, es tiempo de crisis y, para decirlo en castellano, estoy cagado hasta las patas! Todo el mundo me dice que no me haga problema, que va a estar todo bien, que no nos van a dejar solos, que ya va a pasar y todo eso, incluso yo lo sé. Los sentimientos son una serie de entidades con voluntades propias… Ahora estoy con ansiedad, mañana probablemente con diarrea.

Los papeles culpables de todo esto son lo de la universidad, ya que no sé si te conté (creo que si) lo que quiero hacer es el traspaso de universidad para terminar la licenciatura y así no tener que aguantar las preguntas con dejo de frustración de mi vieja de si ya rendí la última materia. Ya me estoy armando de paciencia, porque es una chorrera de trámites (programas de la carrera y de las materias deben ser autenticados) y no sé que más pasos burocráticos al pedo. Más paciencia…

En el laburo, hay diferente clima, la certeza de ciertos cambios genera un diálogo más tenso e incluso de reproche y trato más difícil de llevar y eso se choca de frente con el contenido ánimo festivo  que aún no ha despegado del todo. Novedad de último momento! Pao consiguió un laburo en Bahía y ya no va a venir más, salvo algún que otro finde para no perder el contacto (y los pesos del plan). No la vi pero creo que se lloró la vida la pobre… En estos últimos tiempos, yo le hice un poco la cabeza (por no poner que la re cagué a pedo) de que se consiga un trabajo en otro lado, que cualquier cosa le iban a pagar más que acá, etc. Ya veremos...

Las colmenas han sido un desastre, se nos murieron un montón y estamos en decadencia, aparte no llueve y el campo es una lágrima (valga la húmeda paradoja) Ahora las vamos a llevar a la pampa a ver que pasa, estoy a full preparando y renovando material. Con el Amicale, también estoy laburando bien, nos cambiamos de sede, pasamos todo el equipo del proyecto de la lengua francesa a sede propia, nos cagamos peleando con los de la AF (viejas malarreadas) y en los próximos días organizamos una cena para recaudar fondos. Ah y también tenemos la asamblea para renovar cargos. También estoy más comprometido con eso, para irme más tranqui y sin tanto cargo de conciencia.

En casa estamos todos bien de salud, más no de carácter! El genio familiar se potencia con la edad (debe ser una característica general). Mi hermano lleva la casa a buen ritmo, ya están en el techo. Los viejos andan bien, ayer fueron a Bahía a ver a la doctora, no hubo complicaciones, control de rutina. Mi hermana ya está mirando el pueblo con cariño, se pasa más días acá que estudiando, no sé que es lo que piensa hacer.

El grupete es un quilombo aparte. Las mujeres son muy complicadas (sobre todo, estas tres). Te resumo, la Rusa está distanciada de la Gorda y peleada con la Negra y la perla es que hay una piba casada que se pasa a los hermanos menores de la Rusa y la Gorda. Hay muchísimas idas y vueltas, que me dijo, que le dije, cosas de mujeres! Los pibes están en la suya y se resume a encontrarse de vez en cuando a tomar una birra y de vuelta a la rutina.

Bueno, espero que hayas llegado al final de estas líneas sin aburrirte, que tus cosas vayan de diez más iva (ya me responderás esta carta, maldita perra!) y sobre todo que no te olvides (para eso, tomá Memorex!) Y te dejo los mejores deseos para poner en el pie del arbolito, bah, lo mejor que se puede conseguir que no es mucho. Porque de deseos vivimos, no?

Te mando muchos besos,!!

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Más conozco, más feliz soy

 A mi el mundial de fútbol que se jugó hace casi un año en el otro lado del mundo, me cambió la vida. No, no soy argentino que sumó una estrella bordada a la camiseta ni tampoco un francés que no lo pudo hacer. No soy marroquí haciendo historia deportiva ni alemán quedándome afuera en fase de grupos. Es decir, soy uruguayo y efectivamente nuestra selección se quedó en las puertas de la segunda fase pero eso no tuvo nada que ver con lo que viví durante un mes mágico y que voy a tratar de transmitirles, para terminar de creer que fue real pero también para compartir con ustedes la magia del ser humano y su diversidad.

El partido en el que todo comenzó fue Argentina contra Arabia; fue un punto de quiebre por decirlo de alguna manera para nosotros, mi papá y yo, quienes habíamos ido con la expectativa de ver muchos goles albicelestes quedamos algo sorprendidos por el resultado final. Después del pitazo final y dejando a mi viejo en el hotel, agarré rumbo para el fan-fest que era un lugar con música y lleno de pantallas gigantes con el fin de entretener al hincha pero sucedió que no llegué a destino y lo que pasó vino a invertir la brújula del viaje.

Antes, un poco de cómo llegaron dos uruguayos a la mayor cita del deporte rey en las antípodas del globo. Ya venía con ganas de ir desde un par de meses antes pero los compromisos en la agencia, los pendientes financieros y pagos, muchos pagos y reclamos de pasajeros que debía atender. Por algún motivo que no se puede explicar, no resistí el impulso y entré a la plataforma para cotizar los tickets aéreos y pude conseguir una excelente tarifa por lo que reservé, le confirmé a mi viejo y le pedí que hiciera una gestión en su empresa para ver si podía obtener entradas a alguno de los partidos. Él se resistió un poco al principio, nunca en sus más de 25 años de trabajo había pedido un favor o una gestión ajena y no quería que su trayectoria de excelente compañero de trabajo se viera afectada. Para su sorpresa, como respuesta a su mail recibió otro con todas las posibilidades para asistir a los partidos, el link para confirmar habitaciones y reservas entradas e incluso el aval de la gente de recursos humanos para ausentarse esos días.

De camino al fan-fest, perdido en mis pensamientos pero a su vez atento al camino para no perderme escucho una voz amable pero poderosa, un acento árabe escondido bajo los pliegues de las palabras en inglés. Al darme vuelta y poder ver quién me hablaba, me encontré con un qatarí de lógica túnica y expresión amable y cordial que brotaba de sus ojos oscuros. Mi camiseta de la selección de Uruguay dio pie a la mención de varios apellidos ilustres, el conocimiento de la historia futbolística de mi país era inusual y eso me generó confianza y me tranquilizó. Enseguida quiso saber con quién había venido, por cuánto tiempo y de a poco empezamos a crear un lazo entre los dos a través de la curiosidad genuina de saber sobre el otro. Me contó que había estudiado en Londres y en París, que había conocido gran parte del mundo y que se daba cuenta cómo ese mundo los miraba con suspicacia, generalizando un comportamiento de muy pocos. Sobre esto, me preguntó cómo veía el mundo occidental al mundo árabe y mi respuesta sincera no lo escandalizó, sabía lo que le diría y me explicó de qué manera los medios edificaron una imagen violenta de toda una zona cuando es un comportamiento solamente de una parte fundamentalista. 

El mundial fue pasando y con él los partidos. Fuimos a algunos invitados por mi nuevo amigo y los pudimos ver instalados en palcos de lujo, con gran variedad de comidas y bebidas, con comodidades incluso mejores que en mi casa. En uno de ellos me pidió que le hiciera de traductor a mi papá (él no habla inglés) ya que era a él, como persona mayor, a quien le quería hacer la invitación de ir a comer a su casa. Ahí conocimos a su padre y sus hermanos, compartimos y aprendimos de sus costumbres, comidas y vínculos familiares. Costumbres que son tan respetables como las nuestras, incluso más ancestrales. En otra ocasión nos acompañaron a que nos confeccionen unas túnicas similares a las que ellos utilizan y pudimos de esa forma ingresar a lugares en los que nos confundimos con los locales, incluso uno de ellos me habló y por supuesto no entendí nada.

El vínculo se terminó de formar cuando me pidieron permiso para que su mamá y su hermana le pudieran enviar un mensaje grabado a mi mamá y mi hermana y con todo el respeto que se puedan imaginar le hicieron en su casa y en su idioma una grabación con sus saludos y que le hicimos llegar al regreso a Uruguay. 

Al partido final lo vimos en uno de los palcos laterales, había nervios por el tipo de partido que se estaba jugando, gente alentando y cantando por todos lados. Los hits se escuchaban desde los cuatro costados de la cancha, los videos que andan circulando por las redes dan fe de eso. Nosotros compartimos un momento de esos que sabes que no se repetirán. Hubo confesiones, saludos, abrazos y festejos cuando al final se ejecutó el último penal. Y en la despedida, sentí que dejaba atrás no una persona extraña sino más bien un hermano. 

domingo, 19 de noviembre de 2023

La llave

 A pesar de las trabas,
los obstáculos,
los inconvenientes,
los hombres siempre avanzan
y los superan
basándose en su corazón,
en su mente y en su cuerpo;
pero a veces
reciben una ayuda desinteresada
de otros corazones,
de otros cuerpos.
Porque el hombre es una especie viva
que no puede,
que no debe vivir en soledad
y que sufre a sabiendas de sus limitaciones;
porque no puede sobrepasar su imperfección,
su ser plenamente mortal y frágil.
El hombre es un ser sociable
que no sabe asociar
la idea de convivir en sociedad
pero que a pesar de todo
él es el único
en la faz de esta tierra
que posee el secreto,
la llave
para poder descubrirlo
y acceder a sus ventajas y beneficios
enriquecerse con esos conocimientos,
esos contenidos de característica básica
aunque de sustrato elemental
y trasfondo sustancial
para vivir al lado de otro ser humano
la noble importancia
de la llave
que abre todo horizonte posible.

lunes, 6 de noviembre de 2023

A la carga mis valientes!

En esta ciudad hay una avenida de esas con un bulevar en medio. Algunas cuadras tienen un diseño elaborado de especies autóctonas, otras simplemente un estacionamiento. Las que a mí me gustan tienen gramilla y árboles de tilo a los costados, sombra y frescura por igual.

Nosotros éramos cuatro amigos que vivíamos en la misma manzana en la época en que no existía otra posibilidad que jugar en el exterior. Yo era el mayor, por escasos quince días. Nos pasábamos la tarde imaginando escenarios épicos, aventuras que resultaban complicadas puestas en escena, con villanos y sin doncellas que rescatar, fortalezas inexpugnables y naves espaciales capaces de grandes proezas. A veces en la terraza de la casa de Diego, a veces en el patio generoso de la casa de la abuela de Ricardo, muchas veces en la calle y en la plaza. Allí las competencias eran sobre dos ruedas, enfrentando un circuito fantástico, extremadamente complicado y con caminantes ajenos a nuestros deseos de ganar.

Nos unían las veredas en común y también el colegio. Diego fue conmigo desde primer grado hasta cuarto o quinto; ahí repitió pero lo pusieron con mi hermano y seguimos en contacto de esa manera. Incluso en la juventud compartimos la ciudad universitaria, aunque ya no éramos los mismos y nos mirábamos con extrañeza.

El primer tilo empezando desde el extremo oeste de la rambla tiene una forma particular: se parece a una nave espacial. Si te subís, previa apertura de la puerta deslizante, te vas a encontrar con el sillón del capitán, la cabina del piloto y la del artillero y un par de ramas más arriba están las cuchetas y la cocina. Ahí subidos conquistamos muchos mundos y ganamos innumerables batallas.
El tiempo pasó raudo, los caminos de nuestras vidas se bifurcaron, porque así suele ser la existencia. Cada uno tomó sus propias decisiones, soportó las complicaciones de ser vivo, de estar en el sistema. Y él, un día en que nadie se lo esperaba, tomó un cinto, se lo enroscó alrededor del cuello y cerró los ojos al abismo.
Hoy solamente te pido un pequeño favor: si alguna vez alcanzás a ver a un adulto trepado a un árbol, enfrascado en una batalla interestelar contra una raza brutal, hacele la venia y pedile permiso para abordar que seguro está necesitando con urgencia un ingeniero para reparar el escudo protector.

martes, 24 de octubre de 2023

Extraños sueños

Me desperté sobresaltado, pensando que había tenido un sueño. Tras un par de minutos, sentía de a poco ralentizarse el galopar de mi corazón. 
Miré alrededor mío y no pude reconocer la habitación en la que estaba; la usual oscuridad en la que suelo dormir no coincidía con la penumbra suburbana que se filtraba por la ventana. Incluso tenía el clarísimo recuerdo de haberme acostado solo, hecho que contrastaba contundentemente con el cuerpo atractivo y desnudo de la dama que yacía del lado izquierdo de la cama. Me levanté y busqué las ojotas que siempre dejaba al borde de la alfombra; no estaban. Caminé descalzo hasta la puerta y donde debería haber un pasillo había en cambio un bebesit colgando de un hueco en la pared, situación por demás extraña considerando que no he engendrado hijos. Ya un poco más nervioso, corrí a lo que supuse era la cocina (ya no reconocía ni mi propia casa) y me encontré con un espacioso ambiente, mitad comedor y mitad cocina y una pareja haciendo el amor desinhibidamente sobre el futón; no me preocupé, el material es lavable. De golpe, empecé a sofocarme. Una sensación de agobio, de ahogo me invadió de repente de forma insoportable, que me obligó a aferrarme la garganta con las dos manos (si piensan que eso soluciona algo, se equivocan) y a postrarme de rodillas. Los amantes ya no estaban en el sillón y en su lugar había un par de jóvenes jugando con la family game; ya no era mi casa sino la de mis padres. Arrodillado como estaba y ya con la mirada nublada me miré las manos, eran manos manchadas y arrugadas, como de un viejo. Lo último que recuerdo antes de desmayarme es la preocupación por no haber sacado la bolsa de residuos a tiempo para que la levantara el recolector.

Me desperté seguro de que había tenido un sueño.

miércoles, 11 de octubre de 2023

A contraluz

 Amanecer.


La suave brisa hacía mecer sin ritmo la tela transparente de la cortina que cubría su piel, acariciándola o separándose de ella en forma alternativa. A contraluz, se podía adivinar la tersura joven de sus besados pliegues. Como una hoja en el viento se movía sin ruido por el pasillo del departamento en dirección a la puerta. Atrás quedaba en desorden la habitación, las sábanas de algodón apenas húmedas yacían en el piso junto a una mano derecha.
La penumbra generada por la luz de la calle que ingresaba por las ventanas dejaba ver dos copas de champagne apenas vacías, un cenicero repleto junto a un par de papeles arrugados y un reguero de ropa esparcida por el suelo. Un olor picante que se ahogaba llegando a la cocina se mezclaba con el perfume de marcadas notas femeninas.
Apenas el crepúsculo matutino alargaba su agonía, el sol se hacía invasor de cada punto de sombra que la noche había regado por el suelo. Esa misma luz que teñía plácidamente de oro y sangre dejó al descubierto un solitario cuerpo, extenuado.
Su mirada no se detuvo en nada, al igual que sus pasos. Tomó sus zapatos que habían quedado junto a la mesita, las llaves del auto y el encendedor dorado y así, con su cabello suelto y su absoluto silencio abandonó la casa. 
La puerta se cerró sin pausa ni ruido.

viernes, 22 de septiembre de 2023

Acritud

En tanto que la ciudad se empeñe en repetir
en modalidad de cinta sinfín
todos esos oscuros, pérfidos defectos
que hacen a su maltrecha naturaleza;
en tanto que ella me ignore con voluntariosa actitud
y no deje ni un mínimo espacio a la expresión
de nada en general y de todo mi particular;
mientras que no utilicemos las neuronas
usarlas en equipo, hacerlas trabajar en conjunto,
en tanto que aquellos que habitamos esta ciudad
no volemos los prejuicios, no dinamitemos los miedos,
no erradiquemos al virus del menosprecio,
en tanto nos sigamos manejando con hipocresía
a la hora de llenar el sobre con nuestra opinión,
en tanto sigamos siendo prisioneros,
seguiremos pagando deudas que no disfrutamos,
comprando comestibles que no alimentan,
soñando con cumplir nuestros devaluados sueños
y votando representantes políticos que no nos representan,
que no trabajan para el pueblo.

martes, 12 de septiembre de 2023

Energía en sueños

Ocurrió apenas en la madrugada, justo antes de que el sol arañe el horizonte, en ese momento en que clarea la bóveda celeste. Estaba por levantarme para cumplir la rutina de todos los días. Con las manos juntas entre las piernas apenas flexionadas, en una posición de protección, esperando que el despertador quiebre la quietud matutina. Con los ojos entrecerrados me quité las sábanas de encima, a regañadientes, junté los tobillos y doblé las piernas para bajarlas al piso; el frío del porcelanato me indicó que el calefactor estaba lejos todavía. Caminé a tientas por el pasillo en dirección a la puerta del baño con la intención de darme una ducha, lavarme su rastro del cuerpo y cambiarme la ropa interior, la intenté empujar con la palma de la mano cuando sentí que la planta del pie me quería decir algo. Primero la obvia humedad, quizás una canilla abierta habría derramado gotas durante la noche. Me orienté en la oscuridad, caminé despacio hasta la cocina y ya con los dos pies mojados sentí de golpe el impacto. 

Extraño.
En simultáneo, mi cuerpo empezó a sacudirse, las uñas de los pies saltaron como maíz pisingallo en erupción,  comenzó a sentirse olor a cabello quemado, mis pezones rozaban la seda del camisón hasta que ardiendo, la traspasaron; mis manos se sacudían como extrañas banderas al viento, las articulaciones se oscurecieron, pasando del bordó al negro en cuestión de segundos.
Aún así, mi mente seguía lúcida, no sentía dolor. Durante todo el tiempo que duró mi perecer pensé qué proceso incomprensible que es esto de morir. Veía mi envase carnal sufrir todo tipo de alteraciones, la ínfima tela que lo recubría en jirones, la heladera abierta y chorreando agua y aún así pude hacer un íntimo recuento de tesoros personales y luego dejarlos ir. Y tampoco fue así, me di cuenta que en el instante en que mi cabeza golpeara la pared del living, producto del impacto eléctrico, que mi energía saltaría a otra instancia superior, que ese poder que moviliza mi carne no se apagaría con el cortocircuito.
Sorprendida por el golpeteo atronador del corazón en mi pecho me desperté.

martes, 5 de septiembre de 2023

La tormenta

El día está gris; desde la mañana que las nubes se agolparon en el horizonte y allí se quedaron. La lluvia golpea lenta, sistemáticamente contra el techo, el cielo deja caer su bendición en forma tardía, lavando las pocas ideas que quedaban flotando en el suelo. La suciedad en forma de hojas secas y papeles, bolsas y ramitas, se agolpa en las espinas, sin lugar donde ir, arrastrada por la corriente de agua que de a poco va aumentando su caudal. 

Y el cielo sigue gris y se asemeja cada vez más a la gran cantidad de conciencias que diariamente me cruzo y con las que jamás voy a coincidir, y el edificio, grande y de varios pisos, cae sobre mi realidad y me dice que no habrá fin de semana, ni noche ni día, en que tenga un leve sosiego. 

Por esas cosas del mal llamado destino me quedo a cubierto a mirar otra película mala, de esas que sólo quieren olvidarse, para poder ir a dormir tempranito y poder resetear la mente. Mañana la ciudad va a estar dormida, o recién acostada, y tendré que volver al mismo lugar para informarle a esos insomnes, solitarios matutinos, que las cosas siguen siendo las mismas que ayer, y que anteayer, y que el mes pasado y que tienden a complicarse.

¿Sos feliz? escuché que alguien por ahí decía. Y fueron palabras que desataron aún más la tormenta, provocando que los refucilos me cieguen y los truenos dejen chillando mis oídos. Un alud incontenible de recuerdos, de reproches y de frases que se amontonaron y arrasaron con todas las estructuras que había adelante solamente para que un momento después se vuelvan a levantar.

Y el cielo, de a poco, parece empezar a secarse, y la ciudad comienza a moverse a través del vidrio de la ventana.  Y las puertas siguen abiertas pero no para mi, me tengo que quedar adentro, anónimo.

Sólo espero que mañana la cosa cambie, y el sol brille por fin para mí.

domingo, 27 de agosto de 2023

Avanzo

 Avanzamos.

La marea humana nos impulsa, nos lleva hacia delante y aunque el cansancio nos obligue a bajar la mirada o las esperanzas nos lleven la vista al cielo, la meta está allí enfrente.

Miramos el camino que transitamos y nos resulta borroso, fuera de foco. El espacio vacío que nos separa del inicio es desesperadamente igual al que nos falta aún recorrer. Se puede incluso entrever que nos costará aún más, que nos hará sufrir y nos demostrará de cualquier manera que esos metros son los más importantes de todos.

Me siento al borde del sendero y tomo mi cabeza entre mis manos; la siento a punto de hervir, de reventar. Parar la pelota, serenarse es una necesidad vital, pero a pesar de eso no logro clarificarme. La respiración no me acompaña, sigue a un ritmo feroz. La información que consideraba vital ya no ocupa lugar en mis pensamientos; ahora solamente cuido mi historia.

Sigo mi ruta, poniendo un paso a continuación del otro. Nunca pierdo de vista de dónde vengo y tengo aún mucho más claro cuál es mi meta.

Y así, avanzo.

martes, 8 de agosto de 2023

Aquellos personajes

Los que dicen ponerse en tu lugar, entender la situación compleja y difícil por la que estás pasando, y sin embargo, no les cuesta nada insultarte y recordar a toda tu familia, inclusive al primo más lejano, no es gente justa. Solo quieren aprovechar la oportunidad para convencerse a si mismas de que son buenas personas, solidarias y empáticas con quien sufre.


Aquellos que les es absolutamente natural ignorar todo tipo de argumentos racionales, razones entendibles y excusas variadas, sobreponiendo a la voz sus gritos desencajados, son gente olvidable y para nada rescatable. Es inútil gastar energías con ellos, no escuchan, no razonan, no les interesa nada más que su propia pretendida verdad.

Los que con prepotencia y salvajismo pretenden sobrepasar las leyes, los reglamentos y los procedimientos para salvaguardar su miserabilidad, escuchando además susurros de malintencionados y maquiavélicos, apenas se pueden llamar individuos y ciudadanos. Ah, pero para los demás exigen que se aplique la pena máxima como castigo a lo que se haya cometido, piden con hipocresía recalcitrante ejecutar la ley que para eso está escrita.

Aquellos que dan preponderancia a sus intereses egoístas, a sus deseos de falsa riqueza y que dejan de lado a sus compañeros, olvidando lo bueno que tienen en pos de algo irreal, pueden ser tildados de ilusos imberbes. Hoy que una imagen puede ser la fachada de un escenario ilusorio, hoy que vale más lo que se muestra que lo que se posee, se corre el riesgo de no tener nada.

Se les ve todo, incluso las costuras de sus malas intenciones y el revés de sus caretas.

martes, 1 de agosto de 2023

Cachi

El sol matutino barría con sus rayos el suelo árido. Unos pocos árboles leñosos sobreviven al duro clima del noroeste argentino, alternando entre las veredas con algún perro soñoliento. La iglesia, con su fachada de un blanco calcáreo refulge inmutable en la tranquila y casi solitaria mañana. En las afueras del pueblo, cardones entronizan el paisaje.

Enseguida un vehículo irrumpe con esa tranquilidad y la hace desaparecer. El Renault 12 lleva con orgullo una familia a la plaza; en ella algunos juegos aguardan ser disfrutados. Se bajan tres niños ruidosos en esa edad en que la fantasía mezcla la realidad con los juegos, sus padres y una tía voluntariosa. Los púberes ignoran la abundante historia que los rodea, los muros callados, los postigos ciegos y van corriendo a los juegos. Mientras el resto de la familia camina por entre las casas estilo colonial, las callecitas aún de ripio y estira las piernas, se escucha un llanto. Es el varón del medio que se tiró del tobogán y con tanta mala suerte que olvidó poner las piernas al final y aterrizó con la cola en el piso.
- Ahora es medio pelotudo, de grande va a ser pelotudo del todo, dijo proféticamente el padre.
- Buaaaahhh!!, continuaba el niño.
- Veni, que te doy un pedazo de sánguche de milanesa, dijo la madre.
- Sniiiiffff!!, seguía con sus gritos el marrano.

Con el paso de los años, la plaza se urbanizó y consiguió veredas, algún comercio gastronómico y muchos turistas que la revalorizan. En mis recuerdos está intacta.

martes, 11 de julio de 2023

Perdido en pleno centro

 Si bien las ciudades tienen un centro conocido, quizás ordenado y con una cierta lógica de inicio de pueblo, a medida que van creciendo se someten a barreras naturales, desniveles geográficos y caprichos varios, además de la ineptitud craneal de la gente de planeamiento urbano si la hubiere y termina habiendo barrios parque con calles circulares, barrios residenciales con pequeñas diagonales cortando una plaza o calles zigzagueantes que forman esquinas asesinas.

De vez en cuando se me ocurre la perturbadora idea que esos barrios están habitados por gente que no conoce el centro de su ciudad, que realizan sus compras primordiales en almacenes añosos y que subsisten a base del delivery solamente porque no pueden encontrar la salida. Gente que arma su vida en clanes y que cada vez que pueden regalan a sus hijos a los extranjeros para que les den una mejor vida fuera de allí.
También, el límite del ejido urbano de una ciudad es materia de discusión enardecida, todo por beneficios tributarios, por supuesto.
Al intentar determinar la población llevando a cabo un censo se han perdido cantidad de valiosos ciudadanos que se han ofrecido a relevar las casas y nunca han podido volver con sus resultados; estimo que han podido convencer a algún vecino y han construido una piecita sobre el garage y comparten mateadas eternas bajo el dintel de la zapatería, imaginando que algún día vuelven a entrar a mi despacho con las carpetas llenas de encuestas.
Juan Murguía es un nombre de un barrio en un mapa, como lo es también Valentina Sur Rural; sin embargo no hay nadie que pueda decir que lo conoce o siquiera que conoce a alguien que vive allí. Dicen que entre el río y las vías se ocultan calles con sauces llorones en las veredas y casas bajas con galerías frescas y aljibes en los patios.
De todas las calles que conozco, prefiero aquella que me enseñó a jugar al fútbol con el portón del garage como arco, que me protegió del delincuente de la vuelta, que tenía veredas perfectas para una carrera en bicicleta y saltos con rampa en un kárting, que tenía árboles cuyas ramas eran un perfecto escondite y que aún guarda entre las grietas del asfalto un poco de mi niñez.

martes, 6 de junio de 2023

Desaparecer

En el aula siempre estuvo entre los del fondo, aunque nunca molestó a nadie. Lo más cerca que estuvo de una amonestación fue en una ocasión en que por su naturaleza haragana, por no caminar tres pasos hasta el pizarrón, arrojó el borrador con muy mala puntería (o muy buena), y partió un vidrio que estaba al costado del escritorio. Eso y las consideradas malas compañías le aseguraron una reputación exagerada, insospechada en el colegio (y en su casa). El clima, frío en invierno y húmedo y cálido en verano, desarrollaron en los pulmones de Joaquín un asma crónico que sólo lo molestaba cuando se excedía con la noche o en situaciones amorosas al aire libre. Además trabajaba en algunas changas con el padre o algún conocido que le ofrecía ser ayudante de albañil o pintor, pequeños ingresos que le permitieron en dos años y medio de dedicación armar un Renault Gordini para darle a su travesía nocturna un toque de distinción. Alto, pelo ordenadamente despeinado, campera de jeans gastada casi hasta lo imposible, caminaba por el boulevard a las siete de la tarde, con esa media luz entre penumbra y enceguecedora, típica del atardecer otoñal. Las vidrieras de los comercios le llamaron la atención; se quedó mirando una remera que le calzaría de maravillas a su guardarropa. Su mente estaba en otro lugar, pensaba en ella, ella que se fue sin decirle mucho, tomó el tren y no miró atrás. Prefería pensar que era para que no la viera llorar. Había sido muy importante en su vida como las madres lo suelen ser y ahora se encontraba solo, a la deriva. Metió las manos en los bolsillos, muy al fondo y enfundado tras el escudo de los lentes oscuros caminó hasta la esquina. No te encariñes demasiado con nada, pues todo es pasajero. Nada queda, todo sigue de largo. En la vida no tenés a nadie más que a vos mismo, se decía y el corazón se le comprimía contra las costillas. Arrastrando los pies, cruzó la avenida culpándose de su partida. Algo no había hecho bien, en algo había fallado, él no encontraba motivos para justificarlo y por eso creía que se debía a él que ella no hubiera dudado en tomar esa decisión. Sus amigos lo esperaban frente a la fuente para ir al parque. Los últimos calorcitos empujaban a la gente a aprovechar el verde profundo para charlar y tomar unos mates. Su apatía no desapareció al unirse al grupo y cobijarse en el eléctrico afecto adolescente; en silencio repasaba los momentos que había compartido con ella, agonizando con cada imagen. Los ojos vidriosos velados en su ausencia esquivaban miradas llenas de preguntas de los chicos. No iba a permitir que el olvido invadiera su recuerdo, mientras miraba en dirección a la estación. Los proyectos para el fin de semana, conseguir algo de plata para salir y con quién se iban a encontrar eran temas que llenaban la conversación caprichosa y sin orden. Nada de eso le interesaba, su rostro juvenil estaba teñido de sombras, una oscura tormenta interna le enfriaba la piel y alimentaba su retraimiento. El lejano sonido de una formación del ferrocarril le llegó como una descarga eléctrica, una señal inconfundible entre la bruma. Balbuceó una excusa, que tenía que ir a ver a su hermana por un asunto familiar, rechazó la oferta de compañía de uno de los chicos, y lentamente y con la mirada baja fue dejando el parque. En el momento en que pasaba por sobre el puente, una sucesión de imágenes conocidas se le presentaron como en una película dentro de su cabeza y le generaron incomodidad; entreveía una historia que nunca le contaron, que nadie quiso recuperar del pasado, de la cual él nunca hizo muchas preguntas ni a su padre ni a su hermana. Adivinaba silencios, aquellas reacciones se le hicieron más justificadas, veía las piezas del rompecabezas ubicarse lenta pero consistentemente. Furioso porque lo habían obligado a permanecer al costado de su propia vida aceleró el paso y llegó en cuestión de nada al cruce con la avenida de circunvalación. Que en su momento lo hayan marginado, bueno eso ahora no tenía remedio, pero que no le hayan dado la oportunidad de emitir su propio juicio, de escuchar de su boca lo que había pasado, eso lo ponía de muy mal humor. Se sintió invadido por una profunda soledad, desamparado. En la vida no tenés a nadie, se repetía, ya casi en un murmullo. Ni siquiera a mí mismo.

En ese instante, el pitido de la locomotora se hizo continuo y melancólico. La hermana de Joaquín sintió de pronto la ansiedad de aquellos que pierden algo importante.

martes, 23 de mayo de 2023

Tocar fondo y seguir


Los ojos se te nublaron, el horizonte perdió su horizontal, hubo zumbidos que provenían de todas direcciones. Caíste como si no fueras capaz de resistir la fuerza de gravedad y de pronto cambió la perspectiva de la vida.
Cambiaste en un instante fugaz toda tu escala de méritos, acariciaste tu frente arrugada por la mueca que el esfuerzo por olvidar el dolor había instalado dos segundos antes.
Tu confundida cabeza era recorrida por intensos flashes que dividían en varias partes la materia gris, tu recuerdo antiguo, tus imágenes archivadas, tus sentimientos ingentes.
Y caíste desplomado de espaldas al suelo, de cara al cielo y de alma al infierno cediste tus honores, cayeron tus muros frente al ataque impiadoso del dolor maléfico y firmaste la capitulación entregando sin condiciones todo lo que habías conseguido, incluso aquello que te pertenecía por derecho absoluto.
Transitas ahora como un zombie inerte el camino de la redención, intuyendo que al final debe estar el ansiado premio, prometido premio.
Y ahora te corresponde levantarte con coraje, aplacar ese incómodo dolor, acallar el malestar insistente para enfrentar al invisible enemigo y continuar con las pequeñas batallas cuyas victorias te llevarán a la obtención orgullosa del éxito, tal vez lo mismo que decir el digno evitar del fracaso.

lunes, 8 de mayo de 2023

Buenas intenciones, malas decisiones

El postigo cerrado completaba la sensación de encierro que reinaba en la habitación. El aire espeso se podía cortar con tijera, si uno quisiera hasta se podía agarrar en un puño y apretarlo. Apenas algo de polvillo flotaba iluminado por un flaco rayo de sol que se filtraba tímidamente por una hendija en la base de la ventana. Sentía sobre mis hombros una manada de elefantes que dormitaba apaciblemente sin pensar en moverse. Los párpados me parecieron hechos de cartón, rugosos y nada hospitalarios y me resistía a abrirlos. Sentí la garganta reseca y en la cabeza me habían puesto un cerebro de un enorme tamaño que pugnaba por explotar. Intenté mover mi mano izquierda sin tener éxito; esperé un momento para recuperar aliento y lo volví a intentar logrando un rotundo avance: llevé el dedo índice hasta la punta de mi nariz y lo miré fijamente por casi diez minutos hasta llegar a la conclusión de que era mío y no un arma asesina en busca de liquidarme.
De a poco la nube que se había estacionado en mi cabeza se fue diluyendo. Con un increíble esfuerzo, apoyé la palma en el piso, me impulsé y logré sentarme contra la pared y miré la habitación. Típica estancia de hotel barato, mala luz, peor colchón, horrible sanidad. Me levanté y me miré la cara en el espejo del baño para encontrarme con algo conocido pero más viejo y un poco menos lúcido. La mirada de ese rostro me escrutó sin terminar de decidir si quería ser mi amigo o llamar inmediatamente a la policía. 
Aunque sabía que no iba a faltar nada, me palpé los bolsillos y la sobaquera. allí estaba lo que había que haber. La que me había noqueado no tenía intenciones de matarme, me había quedado muy claro anoche pero por alguna razón no me quería merodeando en su vida.
Reflexioné sobre lo que me había dicho. Tal vez era mala y la sombra de un destino se mecía sobre ella, aunque yo no lo creía. La mano negra del destino no suele ser tan contundente como una cachiporra o tres tiros a quemarropa. En ese estado no iba a llegar a ninguna conclusión que sirviera de algo así que decidí volver a casa.
Abrí la puerta con suavidad pero igualmente chirrió como un gato al que le retuercen la cola. El ruido retumbó por el pasillo y terminó ahogándose en la maceta de plástico con un ficus del mismo material. Nada se movió, ni siquiera una cucaracha que dormitaba contra el zócalo de madera que engalanaba ese antro de mala muerte. Miré otra vez hacia la cama, quizás con nostalgia, di media vuelta, cerré la puerta de un golpe y fui hacia el ascensor que apestaba a cigarrillo.
Cada paso que di a partir de ese día me alejó aún más de su vida.

martes, 2 de mayo de 2023

In-sustantivo

¿Quién creen que soy? Si les hablo, es porque les dirijo la palabra. Si me quedo callado, estoy con mala onda. Apenas levanto la mirada, ya se les ocurren miles de excusas y respuestas hirientes. No se puede expresar una opinión sin que genere una catarata de miradas hoscas y réplicas en sentido opuesto. La aceptación de un pensamiento diferente, lejos de estar presente, siendo que cuando ellos los expresan pretenden recibir aplausos aprobatorios o meneos afirmativos de cabeza. Es más fácil el insulto, la indiferencia o la cancelación plena que pensar que un debate o intercambio de opinión podría ser enriquecedor para las dos partes.

¿Quién soy? Digamos que hay dos tipos que conviven en uno solo: aquel que piensa que es un buen individuo con margen para hacer las cosas bien y aquel que es la expresión perversa, degenerada de las buenas intenciones que la generan. Esto no hace más que demostrar que querer es poder, aunque lo que se logre no tenga nada que ver con el deseo original.
Esto hace que sea algo extraño, algo bizarro. En realidad, todos somos bizarros, lo que pasa es que algunos lo ocultan mejor que otros. Y ahora, en estos tiempos que corren, ser bizarro comienza a ser interesante, aunque no deja de ser peligroso. La imagen se enrarece, se vuelve incomprensible. Lo que antes era marginal, ahora es tendencia de moda; lo que antes era evidentemente hostil, ahora puede ser de uso femenil. Aunque también está el peligro de caer en el otro extremo y lo que se quiere reivindicar termina sojuzgando a su antagonista.
Si naciste para ser algo, lo que parece lógico es cumplir ese designio. Si te empeñas en contradecirlo, serás aquél que destaca por pretender ser algo que nunca logrará ser. Y en todo aquel camino elegido no queda otra que realizar el mayor esfuerzo posible.
Eso pretendo ser. La mejor versión de mi. Aquella que con sus defectos se vuelve aún más perfecta.

miércoles, 19 de abril de 2023

En su compañía

Yo creo que nos ocurre a todos que cuando algo nos falta, más lo añoramos. Como quien dice, nos damos cuenta de lo que teníamos cuando lo perdemos. Y estar en un lugar donde casi nunca llueve, mientras en otros se bendice la tierra con una densa cortina de agua, me provoca algo de envidia...

Siempre hubo en la lluvia algo que me llamaba la atención, que me provocaba inquietud. Cada vez que comenzaban a caer gotas del cielo, perlas que se destruyen al tocar la tierra, me ponía a mirar por la ventana, hipnotizado, como se formaban los charcos en el suelo, como corría el agua por el cordón de la vereda, arrastrando los papeles y las colillas de cigarrillos.
La luz gris penumbrosa, las nubes violentas, el frío repentino y darte cuenta como cambiaba el ambiente, la humedad penetrante me generan agradables imágenes, aunque jamás se me ocurrió preguntarme de donde venían ni cómo se formaban; aceptaba el hecho como algo natural y así era más fácil disfrutarlo.
Hubo una sola vez que la temperatura me permitió quedarme bajo las gotas, sentir que se te humedece la cabeza, que empiezan las gotas a correr por la nuca y la espalda. La terraza se llenó de música, era año nuevo y el abundante brindis se diluyó con cantos desafinados bajo la lluvia.
Algunas cosas sólo ocurren cuando llueve. La intimidad arrullada, el juego de cartas, tal vez un tablero, un brindis de a dos frente a un fogón, adquieren mayor relieve bajo el golpeteo de las gotas contra el cristal de la ventana. 
Un abrazo apretado, un cruce de miradas reteniendo impulsos, una despedida que pretendía ser un hasta luego, cosas que se recuerdan diferente si ocurren bajo una cortina de agua.
Ahora que las nubes sólo sombrean tímidamente el celeste y se resisten a soltar su carga, me doy cuenta cuanto extraño la lluvia, por ella y por todo lo que ocurre en su compañía.

martes, 11 de abril de 2023

Al final del final

Entre tanto ruido, un momento de silencio como una pausa al hablar, no viene nada mal. Es una forma de despedida el no decir nada, alargar el silencio y dejar que la distancia, más de deseos que física, se vuelva aún más grande.
Capaz que eso fue, solamente una pausa.
Lo miró de frente con el sol apenas rozándole la frente y aún así la respuesta no cambió. Mordisqueó nerviosa la patilla de sus lentes y bajó la vista, sabiendo que le tenía que mentir.
- No, no estoy con nadie -la respuesta salió dubitativa y poco creíble.
Como un punto final al que no le caben secuelas ni capítulos homenaje, por lo menos por ahora, él entendió que ese silencio por venir sería más que una pausa, un vacío eterno.
Aún en la discordancia de deseos, él amándola más allá de su propio confort y ella también pero con el futuro en otra dirección, estuvieron de acuerdo en que un café siempre los reunirá para contarse las novedades.
Luego el atronador silencio a veces interrumpido por algún espejismo, por alguna simulación y después ahí, como quien no lo espera, llega el final.
La puerta del bar se cerró con suavidad, el brazo neumático amortiguó el golpe. Él esperó a que ella se suba al taxi y allí en plena vereda céntrica, a modo de despedida, derramó una última lágrima.
Cuesta cerrar, cuesta soltar y apagar. A veces se insiste demasiado y lo arruina todo, otras veces no lo suficiente.

viernes, 7 de abril de 2023

Sueños realizados

Imaginé que podía elevarme incorpóreo sobre las nubes, sobre el mar y recorrer la superficie de la tierra y después de un tiempo de admirar la vista bajar para ver donde había descendido.
Soñé que los hombres que habitaban esas tierras hablaban otro idioma o tal vez el mismo que el mío, sus orígenes o su evolución.
Pensé que vería palacios reales, obras monumentales, ferias artesanales; pensé que pisaría avenidas históricas, que traspasaría puertas inmensas y me bañaría en la fuente bautismal.
Vi con claridad que mis pasos me llevaban por museos, plazas y callejas, después de perderme en conexiones de trenes y subterráneos.
Creí que era un sueño concretado llenarme las pupilas de ese colorido arte, de esas curvas góticas, de ese parque genial, de ese pueblo nacido para desaparecer y resurgido de sus escombros.
Consideré que pisar la arena casi incolora, mojar mis pies en agua turquesa y yacer con los ojos cerrados bajo la sombre de una escuálida palmera no sería gran cosa.

Lo bueno de imaginar cosas es que no deja de ser eso, una recreación mental de algo deseado, soñado, tal vez merecido pero nunca concretado. Cuando alguien dice que ha sido un sueño hecho realidad, se refiere a que lo que ha conseguido bien podía merecerlo otro, o su variante personal, que si no lo recibía tampoco se iba a quejar, porque en definitiva no consideraba eso posible en su vida.
Y después, tarde, te cae la ficha.

sábado, 1 de abril de 2023

Suplente hasta en la vida

Seguro que lo han visto más de una vez, acarreando los bolsos, tal vez el equipo de mate o las botellas de bebidas para el post partido. Es aquel que camina mirando esperanzado hacia el frente, aquel que por más empeño le ponga, nunca integrará la nómina que incluye a los jugadores iniciales, aquellos privilegiados que por talento o perseverancia, por entrenamiento o acomodo son los elegidos para jugar la mayoría de los minutos.

La lisa verdad era que nada de lo que hiciera suplía su carencia total de destreza para el deporte que quería practicar. 
Qué ingrato es para aquel que ama el deporte que practica, no llegar a cumplir siquiera un minuto, pisar el césped, arrastrar el botín por el piso enredando los tapones por entre la gramilla castigada por la helada pensando e imaginando las grandiosas jugadas que lo harían merecedor de la admiración de todos.
Sus ojos estaban muy abiertos. Miraban y retenían cada una de las jugadas que sus compañeros, y también sus rivales, ejecutaban en el campo de juego. Aplaudía con fervor y hasta alguna que otra vez, gritaba alentando o reprendiendo alternativamente a quienes transpiraban la camiseta. Alguna vez llegó a hacer ejercicios de calentamiento al borde de la cancha, como si eso lo acercara a la posibilidad de ingresar y jugar aunque más no fuera unos segundos.
El sonido del silbato final le era esquivo y lo será hasta el último momento, porque las mieles de la gloria les está vedada a aquellos simples mortales que juegan la liga amateur de la vida; para ellos, los trofeos y medallas son ajenos a sus vitrinas.

jueves, 23 de marzo de 2023

Atlas infame de la Ciudad

 Aunque un simple mapa, con su tendencia a abusar de la exactitud podría indicar ciertas características de un lugar, no es posible percibir esas otras cosas interesantes que solo se pueden descubrir estando allí. La Ciudad tiene calles sin salida, edificios notables, avenidas iluminadas y plazas espaciosas. También tiene plazoletas traicioneras, bulevares infernales poblados de conductores veloces, rotondas malévolas y casas invadidas de espíritus.

De una rápida mirada a un atlas confeccionado sin orden alguno podríamos ver ciertas joyas que más nos espantarían por lo ridículas que por lo horrorosas. Nadie quedará impresionado por lo que a continuación se enumere, no se emitirán juicios ni se adjetivará para evitar que las masas susceptibles se espanten.

El Mirador o el Hotel al aire libre. De día es un lugar adorable, con un pequeño muro de piedra redonda que demarca hasta donde debería la gente adentrarse siguiendo la línea de la barda. De allí se posee una vista increíble que abarca muchos kilómetros, incluso se puede ver otra provincia. Familias se acercan a disfrutar del espacio libre, grupos de amigos comparten termos interminables de mates y las bicicletas le dan movimiento aleatorio. Al anochecer se reemplaza esta imagen por una fila interminable de vehículos que se parapetan uno contra otro, que se mecen rítmicamente prometiéndose sus ocupantes amor eterno o por lo menos diez minutos de apresurado placer.

El Cajero del Reality. Los cajeros automáticos deberían ser cubículos cómodos, iluminados por dentro con un pequeño estante para apoyar las cosas que uno lleva en la mano e incluso un gancho para que las damas cuelguen allí sus carteras o los caballeros sus gabanes y por sobre todas las cosas que no se pueda ver desde la calle que alguien está allí dentro. Existe un cajero sobre la avenida principal que es lo opuesto a todo esto, tiene una vidriera que le otorga al comensal de la heladería de enfrente disfrutar del placer de ver al cliente marcar su código de seguridad. Tengo la sospecha que la cámara instalada es más para espiar que para vigilar. 

La Plaza Magnética. Cada vez que tomes un colectivo o incluso un taxi en cualquier lugar de la ciudad y cualquiera sea tu destino el recorrido pasará por la plaza Italia. Es un pequeño espacio verde en el cruce de las calles Ushuaia y Ameghino y todos los que tienen que ir a la universidad, terminal, mercado de frutos, centro comercial o cabaret pasarán por allí. Es un vórtex vehicular, un remolino que atrae a los coches como la miel a las moscas, aunque es inoperante para las bicicletas y patinetas y apenas medible para los peatones.

La Fuente de la Juventud. Hay en pleno centro de la Ciudad una fuente confeccionada especialmente para un evento particular, con aires de pretendida solemnidad y vanguardia artística. Dicen las lenguas vivas que aquél que beba un sorbito del agua que circula por sus cañerías en la madrugada del día de su cumpleaños por veintidós años seguidos tendrá asegurada la juventud eterna. El ejemplo mentado cada vez que se hablaba de esta fuente era el del mismísimo artista que la diseñó, hasta el año pasado en que falleció en un accidente de tránsito, situación imposible de adjudicar a la ineficacia de los tragos ingeridos.

La Cancha de los Meniscos Perdidos. En la zona oeste ocupa una considerable extensión una cancha que pretendía ser modelo de instalación y lujo y en pretensiones se ha quedado. Ya no crece el verde césped, el suelo que otrora era fértil y promisorio hoy es árido e inhóspito. Enterrados entre los cantos rodados han encontrado reposo miles de meniscos arrebatados de rodillas elegantes, ligamentos cruzados de articulaciones esquivas y tobillos veloces. Si bien la capacidad atlética de los exponentes deportivos de la Ciudad es mínimamente cuestionable, esta puede ser la causa de la ausencia de escuadras representativas en cualquier deporte en la primera plana del escenario nacional. Excusas livianas para una realidad oscura.

El Hotel de los Divorciados. Es como si las instalaciones hubieran sido construidas para albergar solos, no hay sonidos de amor, no hay dos personas caminando lado a lado ya que los pasillos son angostos y las paredes ásperas, las escaleras son como túneles y los ascensores no pueden ser ocupados por más de una persona (o por lo menos no superar los 80 kilos). Allí viven los varones que han sufrido la crisis de los 40 y los pescaron con una de 22, también aquellas señoras estiradas que han dilapidado fortunas familiares en cirugías en busca de mantener intacta la belleza y solterones y solteronas que han hecho del celibato una vida normal. Por supuesto, el portero es mal hablado, irrespetuoso y prepotente. Y divorciado. Tres veces.

Se hace conocer este atlas con el ánimo de mostrar y describir, sin otra intención que satisfacer la morbosa curiosidad del lector. No hay construcciones megalíticas ni enormes desarrollos de ingeniería ni siquiera récords de ningún tipo.

Podría incurrir en repeticiones o invenciones de dudoso origen para decorar este humilde, paupérrimo atlas confeccionado sin criterio pero en definitiva las malformaciones urbanas son las que definen a la Ciudad y así lo toleraremos, sometidos a la incuestionable realidad.

martes, 14 de marzo de 2023

Nocturnidades

A la luz de la luna suceden los hechos. El satélite es testigo tanto de las más románticas escenas como de las más atroces faenas que la imaginación pueda recrear.
Saltar los escombros sin pensar qué habrá en la superficie de aterrizaje. Sin medir las consecuencias, sin pensar que el filo realmente nos hará daño en la piel. Solamente saltar, ir hacia adelante, avanzar y dejar que la oscuridad nocturna cobije lo que queda detrás.
Se siente como si una nube se estacionara sobre tu entendimiento, como si una niebla húmeda y pegajosa se instalara entre tus deseos y tu motricidad, dejándote sin norte, sin guía. Y entonces tu instinto se hace cargo, las pulsiones gobiernan por sobre la cordura y el sentido común es espectador de las barbaridades que solo los salvajes harían por garantizar su supervivencia.
Cerrar la puerta y mirar de cerca con la nariz pegada a la madera todo aquello que dejamos fuera; humedecer el barniz con nuestro aliento seguros de sentirnos a salvo aunque sea hasta el amanecer. Refugiarnos tras una taza de café ardiente, con los auriculares sobre nuestros oídos, aislar la realidad lo más posible a una mínima fantasía con límites cercanos, separar la miseria de la noche humana de lo ideal y rescatar la memoria del foso inmundo en el que había caído.
Corremos entonces las cortinas, dejamos fuera los gritos con un tenue hilo musical y oscurecemos aún mas el alma con el reóstato de la nostalgia.
Afuera, los fantasmas muerden insistentemente el tallo de las begonias; saben que alguien saldrá a mirar y entonces si...

viernes, 10 de marzo de 2023

Ausencia VII

No te tengo y mi vida es un páramo solitario perdido en una inmensa carta geográfica.
Tu ausencia me trastorna de tal manera que pierdo toda noción de tiempo, toda referencia que me guíe hacia un norte imaginario.
No estás conmigo y mi existencia se puebla de fantasmas fríos y opacos que me cercan, me rodean y plantan bandera a la espera de mi rendición.
Tu ausencia me afecta de tal forma que las personas que me rodean se difuminan en sombras sin bordes, en penumbra sin luz, en figuritas llevadas a su antojo por el viento.
No te toco y las fibras de mi cuerpo van muriendo poco a poco, sin remedio.
Tu ausencia me llega a las terminales más sensibles de mi piel, estremeciendo puntos ocultos de mi alma sórdida, de mi espíritu gris, de mi cuerpo marchito.
No te pienso y entonces los floridos versos que alimentan mi vida desaparecen en la nada, sin dejar rastro.
Tu ausencia me desdibuja el ser creativo, me hace tambalear la persona hasta arrojarme sin rencor pero sin piedad de bruces al suelo, hiriendo mi terco empeño, magullando el orgulloso insistir.
Desde el suelo miro el desierto que se formó en el camino que pisaste, en el que no volvió a florecer ni el más mezquino de los sentimientos.
Tu ausencia se transforma en un problema imposible de resolver, al no tenerte cerca me falta tu interés, extraño tu tacto suave, tu aroma único, tu exquisito sabor.
Me duele esta vida sin ti, no soporto tu lejanía, estiro la mano, palpo el aire frío y no hay nada, este sol ya hace tiempo que no broncea tu piel.
Esta ausencia me provoca malestares ya físicos, convirtiendo esta existencia vacía en un calvario sobre la tierra de los que aún respiran.
De nada me sirve tu hondo vacío en mi vida, en él me hundo sin remedio.

jueves, 2 de marzo de 2023

Infinito desvarío de una mente afiebrada

En la ciudad, ahora insoportable por el calor sofocante, muy poca gente va al cine. En realidad, tiene más convocatoria un piquete para cortar una calle que el estreno de alguna película del universo Marvel o un recital gratuito de Elián (aunque esto no es medida para cierto target de llanura). Recordemos al paso que en tiempos estivales en esas inmensas salas es relativamente fácil igualar e incluso superar la temperatura de dos cuerpos teniendo sexo (se puede usar la palabra sexo sin ser censurado por la corrección política?) y, a título personal, prefiero quedarme en casa cómodo al frente de la pantalla plana, mientras con una mano juego con el control remoto satelital y con la otra agito indolente dos cubos de hielo en un vaso de gin-tonic que hacerme un viaje a esa sala atravesando el mismísimo infierno en la tierra. Lo que sí reúne mucha gente es la comida y consecuentemente, la bebida. He visto a individuos conformando una extensa cola a la intemperie esperando por una mesa en un tenedor libre. Ahora digo yo: no perdemos oportunidad para rezongar a voz en cuello cada vez que la cola del supermercado tiene enfrente nuestro a más de dos carritos pero dejamos que se nos vaya la vida haciendo tiempo para entrar a esa parrilla. Si, ya sé que la comparación ni siquiera es mala literatura pero es la realidad y no estoy haciendo más que describirla. Y estoy muy tentado de decir que la vida misma debería ser filmada todo el tiempo porque se ven en cada esquina o en cada colectivo escenas dignas de algún sofisticado premio cinéfilo. Ah qué? Que los celulares ya lo están haciendo? El arte de proyectar imágenes fijas a cierta velocidad para inducir al observador a creer que tienen movimiento es antiguo, casi tanto como el amor, sólo que ahora ha cambiado el formato y el alcance a la masa de espectadores y me gustaría decir que no tan vigente. Pero el amor ha perdido terreno en el mapa de interés de la gente, o no, en realidad se ha perdido de vista al otro y ahora amamos la propia individualidad. Y cuando nos cansemos de mirarnos el ombligo por una aplicación y ya sea tarde, no nos va a alcanzar el arrepentimiento.

jueves, 16 de febrero de 2023

No se puede en soledad

Y las horas son ráfagas de viento
que pasan raudas
que no dejan provecho alguno;
porque no puedo
con esta carga
que solo llevo
porque no puedo
vivir ya más sin decir
todo lo que mi corazón oculta.


Y todas las miradas
se posan en ese fenómeno
pasajero
que no sirve
que maltrata el cuerpo y el alma.

No puedo soportar
este eterno encierro
que yo mismo provoqué
y tal vez merezca;
si quizás tu me escucharas
y comprendieras que la soledad
fue mi amiga y compañera
por mucho tiempo
habría una posibilidad
de escapar a mi destino.

No puedo sacar esa idea de mi cabeza;
me ronda como cazador al acecho
sin darme tiempo para pensar
espero tu ayuda
amigo, amiga
conocido, desconocido
que lees estas cansadas palabras
pues solo no puedo.

domingo, 12 de febrero de 2023

La obra

La mano se sacude en violentas convulsiones nerviosas, se desata en ella la imposibilidad de asir con normal pericia cualquier rudimentario objeto; el vaso se ve superado en su capacidad por el líquido que lo llena, el vientre genera su propia revolución poseyendo a su vez distintos tiempos, ritmos acelerados, apresuradas corridas al trono tercermundista.

La cabeza gira en un torbellino de ideas desmesuradas de sentimientos delirantes, se desencadena en ella una mezcla imprecisa aunque tan real como intangible de ásperos dichos, increíbles palabras, indescifrables presentimientos.

Los ojos inventan su propio desacato no queriendo ver con claridad todo aquello que enfrentan y cubren de irrealidad hasta los objetos más concretos borrando hasta la desesperación los bordes, los límites.

El mundo se detiene en contradicción de toda ley para mostrarse acorde al desarreglo general que sobrevino al paso del tiempo, al caer de injusticias, al sufrir de aquellas almas inmaculadas, la naturaleza interviene en su modo particular de reflejar estados de ánimo y cubre todo el escenario de espesas nubes grises sólo para participar aunque sea un decorado más en esta obra de desencanto de corazones mutilados y espíritus salvajes en estado de cautiverio.

jueves, 26 de enero de 2023

Control


Es que él sabía lo que le iba a decir, por eso me dejó hablar. Pensaba que nunca se cansaría de decirle lo que tenía que hacer. Era una costumbre de los primeros años en la universidad en donde lo que decía nunca era tenido en cuenta para nada y se terminaba haciendo lo que yo quería. Aunque era un poco su culpa también, ya que solía terminar dándome la razón, pero esa vez fue diferente. Martín miraba por la ventana y pensaba en que en ese momento su mamá estaría dándole una inyección a algún anciano en el hospital municipal, en que su amigo embalaría otra caja y que pase el que sigue y que Sabina terminaría exhausta su jornada de atención psicológica y que todo eso no era justo. Y más ahora en fechas festivas, diciembre lo ponía nervioso. Dio media vuelta y sin escuchar lo que le estaba diciendo, me interrumpió, indeciso. Acaso fue la primer muestra de rebeldía en su apacible vida, pero le sentó bien, le gustó. Supo también que sería la última vez que lo haría y que no lo extrañará nunca. No se puede pretender como propio algo que nunca nos perteneció, aunque por un momento sintió que no habría nada ni nadie en el mundo capaz de igualarlo si se decidiera.

Lo miré enojado porque nunca me escuchaba cuando le hablaba, le dije que todo era para mejorar, que cualquier cosa que hiciera, tenía que estar en control. Esa era la base de todo, tomar las propias decisiones. No podía ser, no era justo que su supervisor infringiera una y otra vez las reglas del juego y siempre a costa de él. Lo dejé reflexionando; me fui, ofendido y disgustado porque siempre hace lo que le parece, lo que me hace pensar que es inútil expresarle mis opiniones. Siempre era lo mismo cada vez que nos veíamos, se embarcaba en una descripción frenética de lo acontecido en el último tiempo, que bien podían ser dos días o dos meses. Y a uno siempre se le ocurrían miles de comentarios que él metódicamente ignoraba una y otra vez. Tal vez no quería perder el hilo del relato, o no le parecían pertinentes. No le modificaban el punto de vista final, que solía ser apocalíptico. 

Al otro día fue como siempre en forma más que puntual a su empleo que lo irritaba sobremanera, marcó el horario de entrada en su tarjeta en el reloj que estaba frente a la puerta de salida de emergencia, fue al camarín a cambiarse de ropa, ponerse la faja de seguridad y los botines punta de acero y se internó en el depósito de mercaderías pensando que ese día sería diferente. Control, control, se repetía una vez tras otra dentro de su cabeza, la palabra que era frase, que se hacía idea. Caminó unos metros hacia el fondo del depósito, era un galpón enorme con deficiente iluminación y atiborrado de mercancías y se ocultó con el firme propósito de empezar a controlar su vida, no sabía cómo pero lo haría. Y estaba en esos rumbos del pensamiento cuando se cruzó inesperadamente con su supervisor, Qué hace acá González, inquirió descortés el hombre a cargo, Nada, recién acabo de entrar y estoy revisando las tareas que hay que hacer, Pues entonces apúrese porque han llegado dos camiones, uno de artículos de limpieza y el otro de gaseosas que hay que descargar, dijo el encargado en forma desagradable. Martín deseó en ese instante tener el valor de tomarlo del cuello, apretarlo lenta pero firme, con las dos manos hechas puños, ver las sucesivas transformaciones que le deformaban el rostro en horribles muecas, los cambios de color y los sentimientos que variaban conforme el aire abandonaba los pulmones, sofocar los gemidos desesperados y mitigar los sonidos que rebotaban y se hacían eco al golpear los botines en el suelo de cemento alisado. Vio cómo la luz se apagaba de los ojos ya inexpresivos, aquellos ojos que lo habían hostigado por tanto tiempo ya no lo molestarían más. Esta recreación lo dejó agotado, le dolían las manos y los hombros e incluso le sangró la nariz, pero se sentía desahogado, liviano, con un confort que nacía en ese lugar que no se puede ubicar dentro del cuerpo y se expandía hacia todos lados, se le notaba en la forma de caminar, iba como flotando, no le costaba ningún esfuerzo trasladarse. Fue al baño a limpiarse, luego se aproximó al portón de acceso de la mercadería y con ayuda de la zorra, ese carro con accionar hidráulico que hay en todos los depósitos, comenzó a bajar pallets de los camiones y así estuvo todo el día, sin que nadie se metiera con él. Se sorprendió a sí mismo entusiasmado, eufórico, independiente; sí, era eso, se sentía libre, sin ataduras, sin compromisos. Se creía capaz de todo, y así lo siguió creyendo de camino a su casa. Desde atrás de las cajas de sidra y pan dulce que se colocarían la semana entrante, los párpados rígidos, abiertos del encargado confirmaban esa idea.

martes, 17 de enero de 2023

Hay gente, cosas, personas...

 Hay cosas y personas

que nunca son nada
que siempre serán parte
de nuestra vida pasada
que no olvidaremos
su compañía, su mirada
una de esas personas
sos vos niña querida.
No olvido tus labios
tus ojos, tus palabras
tu pose siempre altiva
la mala onda acababas
con tu suave sonrisa
que tu boca iluminaba
que me hacía delirar
cuando te miraba.

Hay personas y gente
que viven en soledad
aún siendo inteligentes
aún conociendo la Ciudad
no encuentran a nadie
no conocen la vanidad
no saben de la compañía
no creen en la amistad.
Así me siento yo
inundado de ansiedad
los ojos, las mejillas
invadidas de humedad
mi alma, mi corazón
llenos de necesidad
mi cuerpo, mi mente
necesitados de sinceridad.

Dónde te puedo hallar
nena dueña de mi amor
quiero tenerte aquí conmigo
quiero estar con vos;
te pido que vuelvas
contigo siempre estoy mejor
cuando estamos juntos
en el éter brilla el sol.
Hay gente y cosas
que quedarán en el corazón
hay personas que no precisan
pedir de los demás el perdón
hay gente que cree
que compró el mundo (como vos)
hay una cosa que me encanta
y es tener un tiempo con vos.

martes, 10 de enero de 2023

Momentos

 1- El café fuerte tomaba temperatura de a poco sobre la cocina a leña, una forma de calentarlo que le realza el sabor; el olor exquisito a pan casero se esparcía incluso hasta la planta alta donde dormían los demás. La casa ubicada en la esquina frente a la terminal de ómnibus despertaba de a poco de su letargo, unos armando sus bolsos, otros preparando el mate. Fueron unos día en que disfrutaron de la naturaleza. Ellos no se habían percatado de nada, absortos en la mirada del otro.


2- Por la ventana entraba un viento frío que venía del lago que helaba la cocina de la cabaña; ya se sentía en todo su esplendor el otoño cordillerano, en las mañanas frías de cielos despejados y árboles amarillentos. Ella lo miró, la espalda contra el edredón y los ojos cerrados. Se levantó lentamente, tratando de no hacer ruido, buscó sus cosas y sin saludar, salió en dirección al cerro. Es que no quería perderse la claridad del amanecer para captar esas imágenes que rebalsan de colores y no se logran con ninguna otra luz.

3- Ni bien ella entró en el salón, lo vio conversando con sus compañeros, enérgico y bien plantado, con ese aura de seguridad masculina que la dejaba muda. Buscó entremezclarse entre los corredores que animadamente comentaban la carrera, pero no hubo nada que hacer, él ya la había visto y caminaba en cámara lenta hacia ella. Se le paralizó el corazón, se le llenó el corazón de vergüenza y su rostro se puso rojo al instante.

lunes, 2 de enero de 2023

El llamado del amor

 Felipe de Quevedo y López marchaba solitario por entre el monte bajo que circunda el fabuloso castillo de Montagout.

 Cierto es que Felipe está casado con Margot, la hija del Conde; una joven capaz de cortarle la respiración a más de un valiente escudero. Cierto es que a Felipe, dueño de grandes feudos y una extraordinaria herencia que le fue legada por su padre, Soberano de Quevedo, reino que a su vez es gobernado por Lope de Quevedo y Sánchez, hermano mayor de Felipe, no le faltaban dinero ni joyas. Ése no era el problema que lo aquejaba y que lo mantenía en vela desde hacía tres noches.

 Hacía algún tiempo, Felipe, aún soltero, participó en una campaña contra los históricos, acérrimos rivales de Quevedo, los infames de Navarro. Allí, en la capital enemiga, durante su asedio y ocupación, el noble de Quevedo penetró en una catedral con el objetivo de revisar si quedaba algún soldado rebelde; en la nave central distinguió una silueta oscura que silenciosa y solitaria oraba con los brazos elevados al cielo pidiendo vaya a saber que favor personal. Felipe caminó hacia la figura y ésta, al escuchar sus pasos se levantó súbitamente del suelo y giró para enfrentar al noble quevediense. Felipe se encontró de frente con una joven de gran estatura y cuerpo esbelto, ojos tristes y cabello claro hasta la cintura. Su cuerpo estaba cubierto de una túnica larga y marrón; su primera reacción ante Felipe fue escapar corriendo pero luego, al observar la armadura y el escudo del noble, se detuvo. Felipe continuaba parado en el centro de la nave, mirando fijamente los pardos ojos de la joven doncella. Ésta, sin pronunciar una palabra, despojó al joven de sus atavíos de guerra y luego se quitó la túnica; su hermosura, digna de los dioses, deslumbró a Felipe. Luego de poseerse, allí en la catedral, la doncella se vistió con su manto y desapareció. En los días siguientes, ya conquistada la ciudad, Felipe retornó a la catedral con la esperanza de encontrarse nuevamente con aquella joven, la buscó en el mercado y en las pozas donde se lavaba la ropa; todo en vano pues ella no volvió a aparecer. Más tarde, las tropas se retiraron de Navarra y así Felipe perdió las esperanzas de encontrarla.

 Mucho después, conoció a Margot de Montagout y se casó con ella, luego de que sus padres arreglaran convenientemente el matrimonio para asegurarse el porvenir. Él, creyó ver entre los concurrentes aquél rostro de ojos pardos que le hizo conocer el verdadero amor, los vio desaparecer sin poder acercarse y creció aún más el desengaño en su corazón.

 El joven soldado quevediense no pudo encontrar solución a su problema entre sus pensamientos; caminó lentamente hacia sus armaduras y luego de tomarlas entre sus manos, las arrojó al foso que rodea el castillo. Luego, se despidió de su corcel que lo saludó con un triste relincho y pasando por el comedor y la sala del trono, se dirigió finalmente a su recámara. Tomó una de las dagas que allí resguardaba y miró sin consuelo hacia el horizonte.

 Jamás comprendieron el porqué de su muerte. Sólo hallaron su cuerpo sin vida, aferrado a la daga y envuelto en una túnica marrón, que brillaba tenue, persistentemente con un melancólico resplandor.