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>> martes, 26 de octubre de 2010

Jáuregui (BUENOS AIRES)

Cerca de esa localidad el Colegio La Salle tiene un lugar para realizar campamentos y retiros para grupos de estudiantes de sus escuelas de todo el país. Y allí íbamos los que pertenecíamos al grupo que se denominaba "Pastoral Juvenil", una actividad fuera de hora que nos permitía escaparnos de clase con una excusa respetable y una o dos veces por año, viajar de campamento y faltar un par de días sin acumular ausentes.
La principal razón siempre fueron las mujeres. Es decir, nadie iba allí pensando que se transformaría en cura; al contrario, buscábamos un rinconcito oscuro para chamuyarnos a la de San Martín (las mejores mujeres, lejos) o preocuparnos por el estado de los cabellos de la niña de Flores o por qué no, le escribíamos una líneas a la del La Salle Centro.
Confluíamos adolescentes cargados de incertidumbres, repletos de sueños y quizás algo perdidos en la vida y los animadores del encuentro se esforzaban en darle credibilidad al asunto. Pero no había caso: en las habitaciones se formaban corros guitarreros y en las carpas el cigarrillo y las cartas viciaban la cosa. Más allá de los rezos obligatorios y las constantes referencias a santos y ciertas liturgias, todo el mundo disfrutaba las actividades al aire libre y las tareas encomendadas: cocinar, lavar los trastos o levantar la mesa, buscar leña o preparar el escenario para los sketches de las patrullas.
En tres años fui cuatro veces y en cada ocasión me encontraba con la misma gente (y alguna más) y recordábamos los momentos allí transcurridos, nos reíamos y vivíamos nuevos y mejores momentos.
Terminado el campamento, cada grupo volvía a su escuela para no volvernos a ver hasta el otro año.
Hasta que egresamos de 5to año.

13 votos a favor:

Blonda 26 de octubre de 2010, 22:43  

Recuerdo los campamentos como lo mejor del colegio. Eramos todas mujeres pero así y todo (restando que no había espacio para el levante), podíamos pasarnos las noches sin dormir con tal de prolongar las panzadas a pura carcajada y las maldades que les hacíamos a las pobres monjas.

Gracias por el recuerdo y por las lindas palabras que siempre dejás en mi blog.

Beso amigo

laura 26 de octubre de 2010, 23:10  

oiga, cómo las de San Martín, lejos las mejores mujeres???mire que se está ganando una tarjeta roja, eh??

queda advertido






y yo también iba de campamento, pero no a Jauregui

Lola 26 de octubre de 2010, 23:28  

Juntar esa cantidad de adolescentes, de distintos lugares, y que además es dificil que se vuelvan a ver en breve y pretender que se dediquen sólo a rezar y pensar en epiritualidad no tiene mucho sentido.
Al margen, la cantidad de cosas que hacen los adolescentes con tal de zafar de horas de clase no tiene desperdicio. Por ejemplo un primo mío, un tipo que es serio desde que tiene dos años, iba al taller de teatro. Yo durante tercer año iba a un grupo de apreciación musical con el mismo objetivo.
Pero sin ninguna duda esa pastoral juvenil era mucho más divertida, aunque no fuera ése el objetivo.
Besos

Caro Pé 27 de octubre de 2010, 0:06  

Recuerdos que no se olvidan...
Me imaginé todo mientras leía.
saluto!

Epístola Gutierrez 27 de octubre de 2010, 7:52  

Qué hermosos recuerdos los de los campamentos en la adolescencia!
No conozco la ciudad de Jáuregui, pero desde ahora sé que cada vez que me la nombren, voy a recordar este hermoso post de sus lindos recuerdos.
Un beso.

A.R.N. 27 de octubre de 2010, 10:34  

CAMPAMENTO SIIIIII
yo iba con mis companieras a san pedro.
besossssss

Etienne 27 de octubre de 2010, 15:24  

Blonda, cualquier actividad al aire libre, fuera del acartonamiento escolar tenía su encanto!! Lo del levante fue circunstancial (nunca tuve éxito, vale la confesión), lo que tenía sentido era poder sacarse de encima los grilletes d ela disciplina!
Besos para vos!!

Laura, si tenés algún encono particular con ese colegio se tendrá que dirimir por otro lado. Ni Centro, ni Florida, ni Flores, ni siquiera Argüello ni Rosario, tampoco Santos Lugares o Campo Gallo mostraban calidad cárnica, eso es un hecho. No es el hecho, es el potus, me dirás y seguiremos conversando de otra cosa...
Besos censados y bajo amenaza!!

Lola, hay muchas cosas que se anuncian con un objetivo y esconden en realidad otra finalidad que tal vez los propios organizadores desconozcan. Las personas tienen esa capacidad de adaptarse, darse a conocer u ocultarse que las hacen únicas y tal vez un taller de teatro le sirva para adquirir confianza en sí mismo par alograr otras cosas. El campamento me parece ahora como algo similar, una reunión para fomentar lazos humanos y desde allí comenzar a formar a la persona.
Besos!!

Caro, me alegra que hayas podido identificarte con algo tan personal. Eso me da la pauta de tu sensibilidad y de la existencia de tus propias experiencias!!
Gracias y besos!

Epístola, es una pequeña localidad, cerca de Flandria y Luján, por ahí nomás...
En sí los recuerdos están en su periferia, en un pequeño campito a la vera de la ruta pero me sirve como referencia para mapearlos!!
Gracia spor su visita!!
Besos!!

Brujis, entonces si has ido de campamento vas a tener que compartir algo de ellos con nosotros!! Vamos, vamos, contá!!
Jajaja!
Besos!

Doamna care plânge 27 de octubre de 2010, 18:47  

oh que bellos recuerdos , me hicist acordar mi ultimo viaje en el colegios de los curas!!
jeje es verda d lo de las chikas, no te creas que ellas pensabean diferente
Vivis en neuquen? estamos cerca!!!!!!!!!!

GABU 28 de octubre de 2010, 13:41  

En mi caso,las monjas eran unas aburridas INfumables que no se prendìan en realizar ningùn campamento!!!

P.D.:Siempre me tocaron colegios con chispa pal aquelarre estudiantil... :/

BESITUP

Jazmin 28 de octubre de 2010, 14:33  

Oh.

Mire cómo son las cosas, acabo de percatarme que ni en mis años de primaria ni en los de secundaria tuve oportunidad de ir a un campamento...

Supongo, imagino, que debe ser una experiencia intensa. Siendo adolescente, todo adquiere ese tono, cierto?

Bueno. Otra pendiente que queda para la próxima...

Saludos, intendente!

ña 28 de octubre de 2010, 16:04  

Qué lindo, algo así como los campamentos en las colonias de verano, aunque el trasfondo no sea
el mismo, claro.

Saludos desde mi ciudad señorito!
y gracias por lo otro :)

Yoni Bigud 28 de octubre de 2010, 16:44  

Qué buena actividad. Pero dígame una cosa... ¿cuántas minas se levantó?

Un saludo.

Etienne 28 de octubre de 2010, 23:01  

Doamna, tienen un montón de cosas medievales las escuelas de curas pero los campamentos valen la pena!!
Vivo en NQN, ¿y vos?
Besos!!

GABU, los adolescentes deben estar la mayor cantidad de tiempo posible al aire libre, esas monjas turulas lo deberían saber!!
No hay caso, adolescente o maduro a mi la joda me sigue gustando igual que antes...
Besos y confeti!!

Jazmín, yo hice varios, en la escuela y en otros ámbitos (incluso familiares) y te aseguro que la naturaleza enseña como ningún profesor lo puede hacer. Valores como la responsabilidad, la puntualidad y el trabajo en equipo (y pilas de otros) se internalizan mejor al aire libre!!
No lo dejes pasar si alguna vez tenés la oportunidad!
Besos!!

Ña, el trasfondo vendría a ser como una excusa (o el escenario, ponele); el campamento real es lo que ocurre, lo real, la gente, la comida, la sobremesa, las guitarreadas, el fogón...
Contás conmigo siempre, así que de nada!!
Besos!!

Yoni, el número real de minas que me levanté en campamentos es el resultante de restar los años que tengo al número cuadrático, la raíz cúbica y la potencia nominal... Ehm, mejor le mando un mail y le cuento mejor! Jejeje!
Abrazos!!

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