Aguardaba el colectivo parada bajo el farol, apoyada levemente contra el poste, aguantando el peso de la mochila en un solo hombro y mirando atenta contra el tránsito. Las luces pasaban raudas desgarrando la noche sin aminorar la marcha; al cabo de un rato que le pareció una eternidad, el interno 2569 de la línea 50 acercó la carrocería al cordón, con un soplido abrió la puerta para que Elisa pueda entrar buscar una butaca y sentarse al fin después de un día tremendamente agotador.
El recorrido duró casi lo mismo de siempre, más o menos unos diecisiete minutos. Lo extraordinario de ese día fue que el semáforo de la esquina de Albarracín con la avenida Luro no funcionaba, estaba en intermitente por lo que el cruce fue dificultoso ya que ninguno de los automovilistas quería ceder el paso. Llegó a su casa apenas pasadas las once de la noche, con el manojo de llaves abrió las cinco diferentes cerraduras mientas que desactivaba la alarma que protegía su departamento. Nada lujoso, nada llamativo pero confortable y seguro. Tenía que serlo, seguro y discreto. No podía hacer nada que la hiciera destacar, debía ser invisible; la puerta de madera cumplía con ese requisito, las cortinas ocultaban sutilmente lo que ocurría dentro.
De la mochila sacó varios paquetes de dólares, dos cargadores vacíos de su pistola SIG Sauer M18, un silenciador, un par de guantes, algunos controles electrónicos, inhibidores de sensores y láseres, un rollo de cuerda negra de poliester y una bolsita de tela negra en la que había 3 diamantes rosas, uno de ellos engarzado en un enorme anillo. Del bolsillo de su campera sacó las vainas servidas, otro par de guantes usados y una tarjeta de acceso corporativo a nombre de una tal Cynthia, que seguramente mañana tendrá que dar algunas explicaciones. El trabajo había salido bien, no tan limpio como hubiera querido, hubo algún que otro herido, pero el objetivo estaba cumplido.
Dejó todo arriba de la mesa, prendió la televisión, y puso el agua para preparar unos mates. Fue a su dormitorio, abrió una puerta corrediza ubicada frente a su enorme cama y de allí sacó una preciosa bata rosa pálido de seda china. Se sacó el pantalón, la chaquetilla y la camisa, se desabrochó el corpiño y lo tiró al piso; se miró fugazmente en el espejo dejando brillar la penumbra nocturna sobre sus pechos. En ese instante, percibió una leve sombra; se puso en estado de alerta inmediatamente pero no dejó que ningún movimiento la delate. Terminó de ponerse la bata, fue a la cocina, apagó el agua ya hirviendo, tomó la pistola con el silenciador, la recargó y con un movimiento felino la apuntó hacia la puerta del baño.
un gato, apuesto por un gato... pero, me dirás, ella no tenía gato. Claro, te responderé, no eliges el gato es el gato quién decide que necesitas tener un gato. Y ella *necesita* un gato en su vida.
ResponderEliminarHolaa Beau! Siii, la opción gatuna, la recontra pensé, era mi plan A! el B era un sicario y al final dejé el plan F que es que el lector le dé la continuación que prefiera a su estado de ánimo o gusto particular. La comodidad al servicio del autor.
EliminarAbrazo!
Siempre hay que dejar al lector que decida, no hay que cerrarse el mercado ;)
EliminarAyyy puesta a imaginar podría ser una especie de Christian Grey (de las cursis 50 sombras de Gray) el futuro muerto? o no?
ResponderEliminarQuién sabe!
Estupendo relato.
Quién lo hubiera dicho,que la insulsa Elisa era una consumada delincuente.
Genial!
Un beso!
Hola Luna! A veces, las apariencias engañan, aquellos que visten de cuero, tachas o góticos, después parecen gatitos sumisos y aquellos de jogineta, buzo genérico y camperita de jean, te pueden sorprender de principio a fin.
EliminarNo puedo asegurar que haya muerto, lo dejo a tu criterio!
Abrazo!!
Plan B aquí, pero no mato, sólo soy curioso.
ResponderEliminarConejo, hay varios planes que podría ser la continuación a esto, lo dejo a la imaginación frondosa de los escasos lectores que por acá andan.
EliminarSalute!
Etienne, querido amigo, me enganche con tu relato hasta el final y me quede con las ganas de seguir leyendo, muy bueno.
ResponderEliminarEn otro post seguí con este relato quiero ver el final que le das tu.
Gracias por visitar mi blog, hay palabras que curan, alivian y llenan el alma de esperanzas.
Que tengas un precioso y feliz día
Besitos y te dejo todo mi cariño
Hola Mathilde! El agradecido soy yo, siempre.
EliminarLas palabras a veces son más poderosas de lo que se cree, tanto para dañar como para curar y alivianar el peso que se acumula en el alma. Gracias por pasar y dejar huella.
Besos!
Qué bueno, nos dejas en un "clliffhanger" como la copa de un pino :)) Enhorabuena, sabes mantener la tensión como nadie.
ResponderEliminarSAludos.
Ahi queda la idea, pendiente de la imaginación del que lee y de la ansiedad del escritor, jaja!
EliminarGracias Manuela por tu concepto!
Los ladrones gato pasan asi la vida, de golgpe en golpe, pero cuidandose de otros ladrones e incluso de ingenisosos asesino o en el mejor de los casos, detectives de policia o contratados por las aseguradoras
ResponderEliminarPasa que son individuales, no son personajes que se lleven bien con otros, están acostumbrados a la soledad, a hacer el trabajo solos y a no confiar en nadie. Es una vida como cualquier otra.
EliminarAbrazo J.C.!
Para evitarse este tipo de problemas es que no hay que tener baños en los departamentos, debemos volver al uso de las bacinilla. He dicho.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Ok, pero yo no quiero limpiarla, podemos inventar un artefacto que al ser usada, la reemplace por otra impoluta y totalmente desinfectada?
EliminarAbrazo José!
Hay ciudades de pecado, ciudades oscuras, ciudades con humo y ciudades equilibradas.
ResponderEliminarMe encantó esa mezcla de misterio, violencia indirecta y romanticismo realista.
¡Saludos!
Esos ingredientes forman parte de una buena receta, aunque claro que hay que saber combinarlos! yo hago mi humilde esfuerzo...
EliminarAbrazo Antoni!