VISTA
Cuando uno recorre la ciudad, se pueden ver muchas cosas, siempre y cuando se preste un poco de atención. A saber, existen tres niveles visibles que podemos encontrar e identificar en el mapa urbano. Cada uno de ellos tiene una personalidad muy diferente, lo que lleva a pensar que aunque parezcan coexistir en un mismo momento, en realidad son una amalgama cuántica de distintos momentos y de distintos lugares.
Miro hacia arriba y veo ventanas, balcones, frisos, balaustradas y mampostería a punto de caerse. Y también veo señoras viejas en batones raídos fumando con resignación mientras riegan las macetas, veo un gato barcino hacer equilibrio por la medianera mientras sujeta por la cola una laucha, espío por la ventana qué hace la vecina del funcional (que está mas buena que comer dulce de leche con las manos) y, cuando camino, miro hacia arriba cada vez que paso por debajo de un árbol, no sea cosa que me cague una paloma. Arriba también veo aviones surcando el cielo, nubes algodonosas que apenas disimulan el poder de los rayos del sol y bandadas de gorriones y algunas sonoras cotorras picoteando todo lo que pueden.
Miro hacia abajo y veo veredas de todo tipo, cordones, asfalto y cemento armado que precisan unos arreglos; ni hablar las que son de tierra que dejan crecer la gramilla. Y también veo chicles pegados desde hace años, una moneda de 25 centavos que junto para el bondi, muchísimas clases diferentes de basura (de las reciclables y de las otras) y, cuando camino, miro hacia abajo cada vez que paso por enfrente de tu casa, no sea cosa que pise un regalito del Sultán. Abajo veo también las huellas de quienes nos precedieron, la sangre de quienes ofrendaron sus vidas para dejarnos lo que creyeron un mundo mejor.
Miro al frente y veo portafolios, carteras, paraguas, trajes de corte, tailleurs y remeras gastadas. Y también veo ambiciones en esos ojos frenéticos, frustraciones en esos otros cansados y locura en aquellos excitados. Veo hombros duros por el gimnasio y espaldas caídas vencidas por la derrota; veo brazos que protegen la cintura de la criatura amada y otros que cargan el peso de la responsabilidad; veo manos que limpian con tenacidad y manos que piden con resignación. Al frente miro y veo que a pesar de todos los errores que seguimos cometiendo, los niños que ingresan a las escuelas, los obreros que elevan estructuras, las ejecutivas que diseñan las compañías del mañana, todos configuran la esperanza del futuro.
Absolutamente cierto!
ResponderEliminarQué precioso tapiz de humanidad, de emociones, sentimientos, los ojos del lector se pasean por todos los espacios que describís con tanta certeza y color.
Es así, todos configuramos la esperanza del futuro, cada uno desde el lugar que pueda o que tenga.
Lo importante es ser conscientes.
Qué preciosidad Etienne!
Un beso grande, este paseo me llevó una vez más a mi Buenos Aires.