La ciudad se muestra extraña

>> martes, 29 de abril de 2014

En la búsqueda de lugares de apoyo, puntos familiares y cotidianos, miramos calles, árboles, vientos y temperaturas medias. Buscamos orientarnos en un mundo que intenta aplastarnos con su infinitud, abre ante nosotros un mapa enorme para nuestro espíritu de hormiga.
¿Y saben qué buscamos? Rostros cotidianos.
La vecina del frente, con los ruleros y el mini perro en brazos, el abogado de la esquina, lleno de celulares y el pelo siempre peinado a la humedad, el político que nunca se ve pero imaginamos de memoria sus canas y su poblado bigote.
Estos mínimos personajes nos aseguran que estamos en el escenario correcto. Porque podemos equivocarnos de teatro y de golpe, tener un elenco diferente, un decorado desconocido. Y ahí, desamparados, empezamos a encontrar (porque no los buscamos, por lo menos en forma consciente) rostros que nos parecen familiares. Hasta rostros de quienes menos conocemos o apreciamos se aparecen en esa danza caótica de transeúntes ubicuos. A mi personalmente me asusta, mi espíritu sencillo se ve atemorizado por la posibilidad de una intervención canallezca, tal vez diabólica. Pero no puedo evitar encontrarme con ellos, y cuando los veo me sonrío, sólo para ocultar el temor y ganarme su simpatía. No confío en ellos, los rostros cotidianos no logran engañarme, sé que mi lugar no es este, aunque insistan.

2 votos a favor:

Lola 13 de mayo de 2014, 18:32  

Tan cierto lo que decís!!! Mi hermana se fue a vivir a otra ciudad (a otro país en realidad) hace unos meses, y la semana pasada cuando vino de visita contó lo que cuesta todo, no a nivel monetario (o no sólo!) sino a nivel cotidiano: un trayecto en transporte público que acá te demora 40 minutos, allá le insume más de dos horas, entre planificación, averiguación y salir con tiempo de la fobia a perderse... y eso que es una ciudad que conoce bastante bien!
Y así con mil cosas, hay tantos elementos que nos hacen sentir que todo está bien, bajo control, de los que ni nos damos cuenta, que cuando no están todos al mismo tiempo y se te encienden todas las alarmas juntas, sobrevivir es un triunfo!
Besos!

Etienne 27 de mayo de 2014, 22:55  

Lola, la ciudad pasa de golpe a ser escenario, a ser parte de la cotidianeidad del ser y está muy bueno reconocerla y en ella reconocerse. Los tiempos, las sombras y luces, la planificación, los lugares para comer, caras conocidas que empezás a saludar...
Actores de reparto habrá a montones, la cuestión es amigarse con el de utilería, jajaj!
Besos!!

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