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>> miércoles, 16 de abril de 2014

El día iniciaba de la misma forma que siempre. No estaba jubilado ni tenía edad para hacerlo pero ya empezaba a cultivar las típicas rutinas de aquellos que ya no tienen la obligación de cumplir tiranos horarios. Pasaba arrastrando los pies del dormitorio al cuarto de baño, allí se afeitaba y enjuagaba los dientes y luego iba a hervir el agua para prepararse el té en hebras, costumbre heredada de cuando vivía en el campo.
Siempre a oscuras, hacía el recorrido que de tan visitado le era ya innecesaria la iluminación, volvía al cuarto a sacarse el pijama, ponerse la camisa y el resto de la indumentaria, menos los botines que se los pondría al trasponer la puerta de salida. Justo cuando la pava le anunciaba que el agua había superado la temperatura del hervor estaba agarrando el diario del buzón. 
Apartó los suplementos de economía y de espectáculos, le incomodaban para leer el resto de las noticias y, mientras cortaba el pan para hacer las tostadas, empezó con los titulares.
Las mentiras globales de los políticos, hipocresía y avaricia, doble moral presente en cada una de sus pulcras palabras, vaticinios de renuncias y amenazas de paros y juicios por injurias a mansalva. Más adelante, entre promociones, aparecían los éxitos terrenales de los deportistas de cabotaje y las proezas sobrehumanas de aquél que no parece de este mundo. Casi al final, la cartelera de shows, horarios de cines y farmacias de turno, justo antes del chiste final. 
La tostada se le cayó de la mano, por supuesto del lado de la mermelada, al piso lustroso. La mandíbula se le paralizó a mitad de camino de un mordisco y un frío le caló los huesos. A tientas buscó los lentes, se los calzó sobre el puente de la nariz, y volvió a leer con incredulidad. 
Allí, en la anteúltima página del diario destinada a obituarios y sin sombra de duda, su nombre encabezaba la lista de personas que querían ser recordados por amigos y familiares tras su paso a mejor vida.

1 votos a favor:

Nel Morán 17 de abril de 2014, 14:03  

Tiene un final demoledor. Lo lees poco a poco sin ninguna sorpresa y al final te estampas con la realidad de la historia.

Saludos

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