Puntos seguros, rostros conocidos

>> miércoles, 25 de julio de 2012


En la búsqueda de lugares de apoyo, puntos familiares y cotidianos, miramos calles, árboles, vientos y temperaturas medias. Buscamos orientarnos en un mundo que busca aplastarnos con su infinitud, abre ante nosotros un mapa enorme para nuestro espíritu de hormiga.
¿Y saben qué buscamos? Rostros cotidianos.
La vecina del frente, con los ruleros y el mini perro en brazos, el abogado de la esquina, lleno de celulares y el pelo siempre peinado a la humedad, el político que nunca se ve pero imaginamos de memoria sus canas y su poblado bigote.
Estos mínimos personajes nos aseguran que estamos en el escenario correcto. Porque podemos equivocarnos de teatro y de golpe, tener un elenco diferente, un decorado desconocido. Y ahí, desamparados, empezamos a encontrar (porque no los buscamos, por lo menos en forma conciente) rostros que nos parecen familiares. Hasta rostros de quienes menos conocemos o apreciamos se aparecen en esa danza caótica de transeúntes ubicuos. A mi personalmente me asusta, mi espíritu sencillo se ve atemorizado por la posibilidad de una intervención canallesca, tal vez diabólica. Pero no puedo evitar encontrarme con ellos, y cuando los veo me sonrío, sólo para ocultar el temor y ganarme su simpatía. No confío en ellos, los rostros cotidianos no logran engañarme, sé que mi lugar no es este, aunque insistan.

13 votos a favor:

Etienne 25 de julio de 2012, 21:54  

Estimados ciudadanos, debido a mi renovado estado de pater primerisus, he tenido escaso tiempo para dejar cabalgar las musas. Por esto, los aburro con algo que ya fue publicado.
Ya les estaré molestando con alguna cosa nueva e igualmente aburrida!
Saludos!!

El Gaucho Santillán 25 de julio de 2012, 21:55  

Estoy aca choriandole el Wifi al vecino.

Y CONOZCO SU ROSTRO!


Mire, esto está bien, pero a mi la gente no me tranquiliza.

Todo lo contrario.

Un abrazo.

Sandra Montelpare 26 de julio de 2012, 7:51  

Son siempre rostros extraños en un escenario aún más ajeno. Ya no hay más puntos familiares en la gran ciudad.
Al decir de Quino a través de Susanita: Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente.
Saludos van, Etienne

GABU 26 de julio de 2012, 8:30  

Cada vez reparo menos en la gente que transita a mi alrededor...

Y cada vez rezo (?) más porque nadie conocido me reconozca en la calle o me confunda...

P.D.:Los últimos tiempos han sido una lección perfecta del 'rancho aparte' y yo creo que he sido la discípula más brillante de la cátedra,cada vez necesito y ansío socializar menos,estaré muy mal? O_o

BESOS INVISIBLES (?) ^o^

Etienne 26 de julio de 2012, 9:52  

Gaucho, no me malinterprete, la gente me da alergia, me da miedo también. Lo que quise decir es la sensacion de familiaridad que te da ver algo conocido, algún rasgo cotidiano...
Aguanten los vecinos con wifi sin contraseña!
Abrazos!!

Sandra, yo nací en un pueblo de poco más de 10 mil habitantes, te puedo asegurar que los rostros extraños eran fácilmente detectables. Ahora, en una ciudad grande, saludar al entrar a la farmacia, conocer al taxista, que te hagan descuento o te fíen, son cosas que uno extraña...
Besos van!

GABU, yo estoy frustrado, tanto trabajar con la pc me ha hecho un poco más miope. En Buenos Aires, cuando camino por las calles voy con una sonrisa mirando rostros, me divierto mirando y buscando familiaridades. Por supuesto, no vivo allí...
Besos al interior!!

Eleanor Rigby 26 de julio de 2012, 10:42  

Ando muy poco x su ciudad y por tantas otras... lo felicito, disfrute su paternidad, a lo mejor ya se lo dije, la verdad es que no lo recuerdo.

En fin... rostros familiares... está bueno de cuando en vez salir y encontrarse con la extrañeza, no hay que fingir ni saludo ni sonrisa...

Tenga buen día.

Shang Yue 26 de julio de 2012, 11:36  

busco mis rostros conocidos o mis paisajes favoritos dentro de los cuadros, sólo en ellos me siento realmente a salvo

Yoni Bigud 26 de julio de 2012, 21:42  

Todos en este mundo son extraños. Rostros hostiles que se suavizan con la costumbre, eventualmente. La seguridad no existe.

Un saludo.

Esilleviana 27 de julio de 2012, 4:34  

Después de pensar creo que me siento más segura en un paisaje conocido que ante caras que ya he visto en otros momentos. No sé si fiarme de las personas que hay a nuestro alrededor, llegando a la siguiente conclusión: "me sonríes pero... ¿qué pensarás de mí en realidad?". Recuerda, todos/as tenemos días malos o menos buenos :))

Un abrazo

laura 27 de julio de 2012, 10:13  

yo no lo habia leido antes y pensaba que por eso el desarraigo duele atrozmente. La necesidad unica y perfecta de sentirnos rodeados por rostros y lugares conocidos puede que sea un signo de debilidad aparente, yo más bien creo que es una manera que tenemos los humanos de realimentarnos y seguir adelante con nuestra vida

besote

Humberto Dib 27 de julio de 2012, 18:56  

No recuerdo haberlo leído, así que para mí es como nuevo.

Hay rostros que son demasiado conocidos, cuanto más conocido me resulta un rostro, más me atemoriza. Llego al terror sólo cuando me veo del otro lado del espejo.
Un abrazo.
HD

S.A.D.E.FILIAL VILLA MARIA 27 de julio de 2012, 20:27  

Muy buen trabajo! Se disfruta. Saludos cordiales. Feliz paternidad.

Etienne 30 de julio de 2012, 21:14  

Eleanor, no te preocupes por venir salteado, tu lote en la Ciudad estará siempre reservado para cuando quieras venir!
Besos!!

Shang, eso ocurre cuando ya no hay confianza en los rostros animados, algo debe de faltar aún que te ocurra para disfrutar de ellos!
Besos intensos!!

Yoni, extraños iniciamos siendo todos para todos, y hasta podemos elegir a quienes brindarles nuestra confianza. La seguridad es una emoción, un sentimiento que nos creemos poseer para no tirar la toalla en la esquina...
Abrazos!

Esil, el escenario no nos puede agredir, nos gusta o no, nos contiene, nos agrada a los ojos, nos calma el espìritu. En cuanto a la gente, es el factor movible, lo inesperado y lo que sorprende.
Besos!!

Laura, fue con el sentido del desarraigo que lo escribí, recién llegado a una ciudad que no conocía y un barrio al que me fui arraigando de a poco y para que fuera más fácil, uno busca referencias conocidas... Ahí estamos!
Besos muchos!!

Humberto, supongo que si es así, tenés dos caminos: solicitar un turno en un cirujano plástico o cambiar de grupo de amigos! Jajaja!
También se podrían eliminar los espejos de tu vida!
O mudarte cada tres meses...
Te estoy dando opciones!
Abrazos!!

Gente de Villa María, gracias por los buenos deseos y por la visita a est Ciudad!!
ABrazos y besos!!

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