Tiempo en edición

>> viernes, 25 de diciembre de 2015

Hace un infernal calor que aplasta; los ruidos en la claridad de la tarde parecieran ser más nítidos aunque diría que el silencio es aún más ensordecedor, más puro y por eso mismo más plácido. Y mirando por la ventana tengo tiempo de pensar, poner la cabeza en foco y dejarla fluir sin restricciones.
Es que uno, sumido en la velocidad cotidiana, en los compromisos urgentes, en las nimiedades y detalles superfluos, no se hace una pausa para reflexionar. No hace falta mucho tiempo, solo unos momentos serán suficientes -me dije y puse el tipo de música que me empuja el alma hacia ese camino sinuoso que es la introspección- tiempo invertido para que el sueño no se haga pesadilla.
De pronto mi mirada se desvía hacia el televisor, prendido en mute, y miro que están dando "Hechizo del tiempo" y así un poco es la vida, repetimos conscientemente un día tras otro, tal vez con mínimas variaciones, pero si no nos damos cuenta de atesorar lo que nos ocurre y aprender de lo acontecido, no habrá valido la pena, y el "Tú estás aquí y yo estoy aquí" adquiere otra dimensión, otro valor.
Vuelvo al balcón a ver cómo el tiempo se desliza bajo la luz inclemente del sol furibundo, sospecho un apuro en un caminante arrastrado por su mascota, intuyo el ánimo exaltado de dos jóvenes y pienso que ese tiempo ya pasó para mi y para mucha gente y habrá de ocurrir para otros muchos. Y no. Pasamos nosotros, nos sumergimos en el calendario cada vez más hondo, más profundo, mientras el tiempo simplemente es.
Las heridas encuentran su fin cuando las hojas del almanaque se acumulan de a decenas, desaparecen las marcas y queda la enseñanza. Las heridas nos dicen que crecimos, que somos capaces de superarnos, de avanzar. Y en esa dimensión, el tiempo es otro ingrediente, un plano que hasta no hace mucho era ignorado. Y es ahora que me doy cuenta que no hay nada que hacer, solo vivir.
Momento de silencio. Tiempo, pido gancho. Si pidiéramos recuperar todos esos minutos/horas perdidos, todo ese tiempo desperdiciado en inútiles peleas, en agravios gratuitos, en declaraciones pomposas, en filas infinitas, supongo que encontraríamos otras formas más elegantes de gastarlo. Es el destino final del tiempo, escurrirse intangible por entre los dedos como arena marina como lo hace por el ínfimo cuello del reloj de arena. 
No importa lo que te aqueje, lo que te haya pasado, lo que te atormente. Todo eso y todo lo demás encontrará resolución con el tiempo.

Tiempo de finalizar este desvarío ha llegado, dijo el Maestro Yoda, no sin antes entornar levemente sus párpados y menear graciosamente sus orejas.

1 votos a favor:

Pam Sandoval 29 de diciembre de 2015, 18:25  

Realmente una entrada interesante, que narrativa :)

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