Yo lo soñé (y me dio escalofríos)

>> viernes, 15 de febrero de 2013

El cielo se ponía cada vez más oscuro, lo normal en un atardecer en cualquier parte del mundo. En lo más profundo del horizonte incluso se podía ver alguna nube que se teñía de rosado y un poco más arriba el lucero vigilante. Ese era el escenario, de fondo, del balcón donde la acción ocurría, inexorable. 
Abajo, en la calle oscilaban las luces furiosas de los autos rozando las indefensas rodillas de los peatones, quienes agitaban sus puños en el aire mientras vociferaban insultos condenatorios. Estos eran los actores secundarios del drama que estaba a punto de ocurrir, tres pisos de altura más arriba.
A ella siempre le llamaron mucho la atención esos puntos luminosos, esas luciérnagas mecánicas que avisaban infalibles el paso del móvil; sus padres usaban esa treta cada vez que el insomnio provocaba la aparición de su mal humor, del llanto mocoso, del hipo estremecedor, del grito penetrante. Frente a los brillantes colores la paz recobraba terreno perdido, la niña abría apenas su pequeña boca extasiada, reconcentrada en perseguir la trayectoria errática y luego, con desesperación, estiraba sus brazos y se empujaba con fuerza como queriendo alcanzar y morder y tocar esa luz.
Y al final, de tanto empujar, de tanto arañar la piel del rostro de sus padres, encontró un escape hacia la libertad, pasó por sobre la baranda a pesar de los esfuerzos por rescatarla y saltó libre hacia esas luces que inscribían su nombre en la oscuridad.

10 votos a favor:

Dany 16 de febrero de 2013, 0:02  

Uhhh me mató. Que a Ramiro no se le ocurra salir al balcón.

Que sueños complicados.....

Abrazo Intendente.

Sandra Montelpare 16 de febrero de 2013, 19:04  

Ese segundo fatal que es la pesadilla de todo padre. Que quede en el
territorio del sueño, por favor. No hay despertar más angustiante que haber soñado con que a un hijo tuyo "le pasa algo", pucha!
Saludos van, Etienne.

Etienne 17 de febrero de 2013, 18:35  

Dany, se puede intentar prevenir pero es algo que no depende de uno. Lo ideal sería mudarse a una casa pero está lejos de la realidad...
Que siga en el terreno de los sueños, así está bien!
Abrazos!!

Sandra, de vez en cuando me lo imagino y me corre un cosquilleo horrible por el cuerpo, un vértigo inapelable. Como decís vos, dejémoslo en el campo onírico que ahí están bien!
Besos!!

AGUSTIN 17 de febrero de 2013, 20:37  

Se me aflojaron las piernas.
Y después me tranquilicé, por dos cosas: la primera porque puse una red protectora, que está bastante bien. La segunda, porque desde que en el 2007 los porteños votamos a Macri, el semáforo de la esquina anda de vez en cuando.
Abrazo Etienne!!!

PMPilar 19 de febrero de 2013, 14:11  

¿Y dónde dejasteis aparcados los colchones elásticos para amortiguar la caída?
Por precaución, mejor que soñar espíritus malignos, echar una mano a estos pequeños, cómplices de las alturas y el vértigo, Etienne.

Abrazos

Esilleviana 19 de febrero de 2013, 18:19  

jajaja
la pesadilla podría ser tirar a la niña por el balcón cuando la pequeña no deja de llorar... pero sé que ése no es el sentido del texto. Más bien sería podría ser el viaje que el padre realiza por la ciudad, siguiendo las luces que entretenían a su hija, hasta llegar de nuevo al lugar donde se siente más tranquilo puesto que allí se encuentra su pequeña.

Vuestra hija cada vez está más despierta y espabilada :))

un abrazo

Etienne 20 de febrero de 2013, 13:36  

Agustín, vos sí que sos previsor, aunque también un poco exagerado, jaja! Yo solamente tengo esos temores lógicos de padre primerizo transformados en pesadillas! Por las dudas, igual no me acerco nunca al borde...
Abrazos!!

Pilar, los colchones andan por ahí, queriendo jubilarse. También se cayó de la cama, aunque haciendo una encuesta, a la abrumadora mayoría de padres les ocurrió algo semejante!
Besos!!

Esil, incluso despierto a veces tengo ganas de hacerla callar de alguna manera, aunque ninguna tan definitiva como tu pesadilla sugerida, dejemos que la niña haga cosas de niñas y los padres suframos por eso!
Besos!!

Dany 20 de febrero de 2013, 13:50  

Igual lo de la casa es un plan para dentro de unos años......
Por ahora cierre de balcón jaj
Abrazo

Humberto Dib 21 de febrero de 2013, 11:39  

El relato me gustó mucho, a medida que se lee, va generando una tensión que (por suerte en la ficción) se resuelve de la peor forma, pero sin palabras obvias.
El título me llamó la atención, es decir, ¿por qué no dejar que todo fuese un relato en vez de mostrarnos la cocina? Ya sé, son estilos, modalidades... es que a mí me gusta no ver el truco del mago.
Un abrazo.
HD

Etienne 21 de febrero de 2013, 22:58  

Dany, me alegro mucho por vos, lo que es para mi, espero que mi hija se pueda comprar una casa porque por como viene la cosa, nos haremos viejos en este departamento, jaja!
Abrazos!!

Humberto, si te tengo que ser sincero, a mi tampoco me convenció demasiado el título pero tampoco se me ocurrió como insertar la idea en el texto (me iba para el cliché de caerse de la cama o cosas parecidas); además escribí primero el título y luego el texto y ya consumado no lo pude cambiar. Pero tenés razón, otro más metafórico le habría sentado mejor.
Gracias por el aporte!
Abrazos!!

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