Cuando el cerro me salvó la vida

>> jueves, 12 de enero de 2012

Era un lugar mágico, se veía increíble desde la cima del inacabado cerro. Allí, cerca de la ciudad, podías trasladarte a cualquier lugar que quisieras, sólo con la mente... La visión abarcaba todo el mundo, o por lo menos esa era la sensación. Podías imaginar cómo el globo se iba doblando como succionado por un poderoso centro de gravedad, curvándose hasta cerrarse sobre sí mismo y plegarse en el otro lado. El viento que allí hay en forma permanente completa la fortaleza de los poderes naturales arrastrándote hasta el borde y obligándote a aferrarte a las rocas para no caer. Los árboles tachonan el faldeo del cerro y las planicies en oscuros montes siniestros. Los cables de acero que apuntalan las gigantescas antenas, forzados por el aire en movimiento, crean sonidos lúgubres, con una deprimente cadencia que hiela la sangre. Al este, bien en la lejanía, casi cayéndose del cuadro, reposaba tranquilamente el desvelo de mis noches de verano. Aquel inaccesible cerro me turbaba los sueños, se metía en mis conversaciones, creaba un desconcierto que yo no podía controlar y una angustia me invadía cada vez que lo miraba, cada vez que lo pensaba.
Es un espectáculo que no cansa la mirada pues tiene esa originalidad que es única en la naturaleza. Sólido contra el azul frío del cielo, perdido entre las nubes de algodón, oculto tras las tormentas de verano, coronado por la neblina de la mañana, estoico en lucha con el viento. A veces, desde la ruta que lo bordea por el sudoeste, se lo puede ver, flanqueado por su hermano menor, marcando su orgulloso perfil e imponente en su altura. Yo lo veía y no sabía darme cuenta qué era lo que me quería decir...
Un día de febrero, de esos en que uno está de mal humor, que perdés la paciencia al menor comentario inocente y que todo te cae mal, a eso de las dos de la tarde, me fui a limpiar el lava-pié en la entrada de la pileta riñón, para no tener que soportar los comentarios sarcásticos de Mirta, una simpática mujer que desde hace tres años dirige a su gusto el balneario municipal, aunque es justo decir que no lo hace del todo mal. Al bajar la escalera, se me ocurrió que nunca lo había entendido porque su mensaje no me llegaba, no lograba establecer contacto. Necesitaba encontrar una forma de calmar la inquietud en que me encontraba y pensé que la mejor manera de hacerlo era enfrentarme a él, y vencerlo. La temporada de los natatorios terminaba el fin de semana previo al comienzo de clases, por lo que el momento ideal era en Semana Santa. No había otra, estaba decidido. Por entre medio de las ramas del parque, el cerro me esperaba, sin inmutarse.
Siempre es difícil desprenderse de las cosas aunque no sean más que eso, meros objetos. Pienso que debe ser que nos recuerdan momentos, vivencias o los consideramos una especie de amuleto para la suerte. Así fue que tuve que vender ciertos elementos de valor sentimental para comprar todo lo necesario, desde la mochila y la ropa más todo el equipamiento básico y alguna que otra cosa superflua pero que a los ojos del vendedor eran indispensables para que no muera lenta y dolorosamente en la aventura. El tiempo se me fue en preparativos, desde conseguir el permiso del dueño del campo, hasta alguna carta topográfica, sabios consejos de gente que había subido y todo tipo de recomendaciones útiles. Intenté la compañía de un amigo; no podía, era el cumpleaños de su novia. Una semana antes estuvo todo listo y yo, dominado por la impaciencia, dormía muy mal, andaba distraído y nervioso en el trabajo y dos veces estuve a punto de suspender la excursión porque el pronóstico del tiempo daba lluvias y tormentas para el fin de semana.
Cada vez era más claro el mensaje, se iba formando en mi cabeza, tenía forma, empezaba a saber cuál era el motivo, me golpeaba con fuerza, me provocaba un desconcierto sin control; un temor indefinido se me instaló firme en los huesos, una especie de incertidumbre comenzaba a invadirme. Todas estas sensaciones, el malestar físico que se hacía insoportable, el frío que me azotó en todo momento, todo desapareció cuando en un último paso, esforzado movimiento, me aferré con una mano a la gran antena y después de apoyarme con firmeza sobre los pies, levanté la vista y disfruté del mejor paisaje que la naturaleza puede ofrecer a los ojos de un ser viviente.

15 votos a favor:

Juan Ojeda 13 de enero de 2012, 1:50  

Y ella es el más sagrado de los seres vivientes, quizás ese fuera el mensaje; ser paisaje, ser la brisa, todo lo escarpado y los montes oscuros... Que capricho divino volcar a este paraíso a un animal tan humano como el hombre, parece una broma de humor negro.

Me encantó el relato, sobre todo lo tácito del mensaje. La enseñanza más crucial que tanto nos cuesta: No hay mayores secretos, las cosas están ahí.

Un abrazo Intendente.

Mundo Aquilante 13 de enero de 2012, 10:28  

qué lindo!

Saludos desde Mundo Aquilante

Yoni Bigud 13 de enero de 2012, 10:43  

Bueno, los preparativos, la venta de objetos preciados y las consultas al pronóstico del tiempo no fueron en vano. Cuando uno logra el objetivo todos los pasos previos no parecen molestias.

Un saludo.

El Gaucho Santillán 13 de enero de 2012, 12:02  

buen relato, realmente.

El mundo està ahì. Solo hay que decidirse a verlo.

Buen fin de semana.

Un abrazo.

Y Otros Paisajes.. 13 de enero de 2012, 12:57  

Precioso! me ha encantado..
te dejo un abrazo!

Viejex 13 de enero de 2012, 13:20  

Un tal Anthony D'Angelo decía que "las cosas más importantes en la vida no son cosas". Esto mismo le comenté a ARN en su artículo "Cosofobia" hace un par de días y me parece que se aplica tan bien a aquel artículo como a éste.

JOAQUIN DOLDAN 13 de enero de 2012, 16:22  

nací en la villa del cerro..que más puedo decir

Etienne 15 de enero de 2012, 18:58  

Juan, quizás lo tácito del relato es porque es algo inasible, algo impalpable que se cuela en el alma y te reconforta, te anima a seguir adelante, te recarga las baterías...
Lo secreto nunca puede ser demasiado bueno!
Abrazos!!

Mundo, me gusta que te guste!!
Besos Mundo!!

Sir Yoni, son todos pasos de un mismo proceso, necesarios para el fin último. Cuando uno llega a la meta, la satisfacción es infinita.
Abrazos para usted!!

Gaucho, lo mejor del mundo es qu ees tan diverso, tan amplio que es capaz de satisfacer las expectativas de un sinfín de personas. Y definitivamente hay que salir a verlo!
Abrazos para usted!!

Otros, bienvenido a la Ciudad y gracias por su comentario!
Abrazos, quédese por acá nomás!

Viejex, lo que usted aporta es en sìntesis la verdad de la cuestión, aprender que la realización de nuestros sueños, la felicidad (concepto ambiguo), la cúspide de la obra personal, no se puede sacar de un estante.
Abrazos!!

Joaquin, si ha tenido alguna vez un cerro cercano a su patio familiar, sepa que lo envidio sanamente.
Abrazos!!

laura 16 de enero de 2012, 11:31  

cada vez que se le da por hacer uno de estos posteos donde el cerro pisa con fuerza escénica, zas...me acuerdo de mis épocas de campamento y me da nostalgia. Pucha que me fui aburguesando con el tiempo...

besos Etienne

GABU 16 de enero de 2012, 16:33  

"Siempre es difícil desprenderse de las cosas aunque no sean más que eso, meros objetos."

¡¡TALCUALMENTE!!!!

Tendrá algo que ver ese 'derecho a pertenencia' con el que vamos a cuestas por la vida???

P.D.:Hay presentimientos a los que uno debe darle bola,al menos ara que no nos tomen desprevenidos... ;)

BESOS CALCULADOS :)

mjromero 16 de enero de 2012, 16:51  

Ya quisieramos muchos trasladarnos con la mente, e ir de cerro en cerro..., yo de mar en mar que es lo que diviso.
Describes muy bien lo que rodea el cerro y todo es 'movimiento' de querer ir, los preparativos. Sin embargo, al final la llegada al cero, a la antena... podría suponer la llegada a cualquier meta, a cualquier ideal.
Un abrazo.

Esilleviana 16 de enero de 2012, 19:01  

Y después de esta belleza... no sé por qué pensé contemplar el mundo desde esa en colina o elevación aislada del terreno tan particular: una hermosa tripa que continue en su interior magia y vida, es la mejor ventana en la que asomarse al mundo...

pero tal vez no entendí bien.

"me aferré con una mano a la gran antena y después de apoyarme con firmeza sobre los pies, levanté la vista y disfruté del mejor paisaje que la naturaleza puede ofrecer a los ojos de un ser viviente".
estas frases me gustaron; sería el equivalente al cielo?

un abrazo

eMiLiA 16 de enero de 2012, 19:43  

Esos paisajes que - literalmente - quitan el aliento. Y sucede que parece que nada es suficiente para apresarlos, que la memoria nos fallará en el segundo siguiente, y el desespero por la fragilidad. Todo eso.

Abrazo!

Etienne 18 de enero de 2012, 23:15  

Laura, reconocé que hablar de campamento en plena ciudad es un poco anecdótico rayano en la ficción!
No te preocupes, cuando se aburran de la vida cosmopolita, en el campo hay lugar para plnatar la carpa.
Besos!!

GABU, el sentimiento de pertenencia me parece algo inherente del humano, sobre objetos, personas o cualquier otro elemento que pueda ser blanco de nuestro deseo. Presiento que todos sufrimos alguna vez por esta razón...
Besos!!

MJR, cada cual entroniza la figura que tiene más a mano; el mar me gusta mucho pero siempre me quedó lejos; en cambio el cerro estuvo siempre a mano...
Besos!!

Esil, entendiste bien, cada uno enuentra en ciertos altares lugares para hacer sus ofrendas y sus descargas.
Sería una ventana desde los ojos al alma de la tierra.
Besos!!

Emilia, un poco por la altura y otro poco por lo impresionante del paisaje, aunque más por lo místico del lugar, literalmente te quedás sin aire.
No es porque sea mi lugar de nacimiento pero bien valdría la pena una visita.
Besos!!

Macris, bienvenida sos a la Ciudad! Tenemos facilidades para los nuevos vecinos, te espero!
Besos!!

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