Alerta meteorológico de espíritu

>> sábado, 7 de septiembre de 2013

A todos nos ocurre que cuando algo nos falta, más lo añoramos. Y estar en un lugar donde casi nunca llueve, mientras en otros se bendice la tierra con una densa cortina de agua, me provoca algo de envidia...
Siempre hubo en la lluvia algo que me llamaba la atención, que me provocaba inquietud. Cada vez que comenzaban a caer gotas del cielo, perlas que se destruyen al tocar la tierra, me provocaba mirar por la ventana cómo se formaban los charcos en el suelo, cómo corría el agua por el cordón de la vereda, arrastrando los papeles y las colillas de cigarrillos.
La luz gris penumbrosa, las nubes violentas, el frío repentino y la humedad penetrante me generan agradables imágenes, aunque jamás se me ocurrió preguntarme de donde venían ni cómo se formaban; aceptaba el hecho como algo natural y así era más fácil disfrutarlo.
Hubo una sola vez que la temperatura me permitió quedarme bajo las gotas, sentir que se te humedece la cabeza, que empiezan las gotas a correr por la nuca y la espalda. La terraza se llenó de música, era año nuevo y el abundante brindis se diluyó con cantos desafinados bajo la lluvia.
Algunas cosas sólo ocurren cuando llueve. La intimidad arrullada, el juego de cartas, tal vez un tablero, un brindis de a dos, adquieren mayor relieve bajo el golpeteo de las gotas contra el cristal de la ventana.
Ahora que las nubes sólo sombrean tímidamente el celeste y se resisten a soltar su carga, me doy cuenta cuanto extraño la lluvia...

9 votos a favor:

laura 7 de septiembre de 2013, 17:25  

muy lindo todo, muy romántico diría...

si supiera la forma en que está lloviendo hoy sábado en Baires, evidentemente a ustedes les está faltando y a nosotros ya casi que nos está sobrando

lindo posteo de verdad, beso

Yoni Bigud 8 de septiembre de 2013, 0:15  

A mí la lluvia me deprime. No me gusta para nada. Sería más poético que me gustara, pero soy bastante básico.

Además no me deja salir a fumar al patio.


Un saludo.

Sandra Montelpare 8 de septiembre de 2013, 8:14  

La lluvia es ideal para la siesta pero la añoranza viene por el lado de que (qué espanto esta sintaxis!)cuando llueve, no puedo salir a correr y al día siguiente todo es barro.
Muy lírico este texto, Etienne.
Un gusto pasar por aquí, Intendente.
Saludos van.

MAGAH 8 de septiembre de 2013, 22:47  

Y que raro me parece que haya un lugar donde la lluvia, por escasa, tenga tanto valor.
Mientras te leìa recordé que cuando era chica vivíamos en una casa que tenía una terraza que parecía una pileta de natación ya que no tenia barrotes en ninguno de sus cuatro lados, sino pequeños tapiales. Entonces cuando llovía pedía que no terminara nunca para que la terraza se llenara de agua y nos pudiéramos meter a jugar...añoraba una pileta, por estos lados agua suele sobrar...

Abrazo intendente!

Viejex 10 de septiembre de 2013, 15:47  

A mi también me gustan, de vez en cuando, esas lloviznas medrosas tanto como las tormentas furiosas capaces de acallar hasta el pensamiento. También deben haber pronosticado nubarrones de melancolía por mi barrio.

AGUSTIN B. 10 de septiembre de 2013, 19:30  

como siempre... brillante!
Al vesre que el pibe Biravent, a usted la lluvia -o la ausencia de- lo inspira!

oiga una cosa, intendente. Necesito que se contacte conmigo para ver cómo le hago llegar un libraco.

escríbame a quienmato@gmail.com

Etienne 21 de septiembre de 2013, 23:01  

Laura, fue por esa razón que lo publiqué, es que acá no llueve ni bajo amenaza...
Besos!!

Yoni, déjese de jorobar hombre, hágase un patiecito techado con vista a la terraza de la pechugona de enfrente. Solucionado.
Abrazos!

Sandra, no te tenía con la veta deportiva. Hacemos unos 10K?
Besos!!

Magah, el problema de esa pileta era que si se llenaba, los de abajo no iban a estar muy contentos que digamos, jaja! Como siempre pasa, el que lo tiene, no le da bola y al que le falta, lo añora.
Besos!!

Viejex, la verdad que no me imagino todos los días con sol, claro el cielo y sin nubes. Así, no hay imaginación que aguante...!
Abrazos!

Agustín, siempre le tuve buena vibra a la lluvia, y eso que en mis pagos, allí donde nací, cada vez que llovía, hacía un fresquete de aquellos!
Abrazos!

Agus Seeber 2 de octubre de 2013, 23:54  

Llover con la lluvia.
Te acabo de mandar un mail.

Agus Seeber 3 de octubre de 2013, 0:17  

No me deja mandarte mail. En fin, quería invitarte a participar de un nuevo espacio para escritores y lectores, a través del cual podrías llegar a más gente. Si tenés ganas, mandame un mail a agustinaseeber@gmail.com y te cuento de qué se trata.
Espero tu respuesta. Un beso,
Agus

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