Decepción cotidiana

>> domingo, 4 de septiembre de 2011

Ni bien lo vio, supo que tenía que hablar con él. Surgió de su interior ese sentimiento de protección, de querer abrazar y rodear con sus brazos a ese ser que necesitaba de ella, de sus cuidados. De inmediato un sentimiento profundo pero genuino hizo que simpatizara con ese gesto reconcentrado que parecía pintado en su rostro. Se imaginó su persuasivo pero tímido tono de voz dirigiéndose a él, con sus labios muy cerca de su oído, con un acercamiento seguro aunque no agresivo, ella no quería que se la malinterpretara, no pensaba dar muchas explicaciones aunque tampoco quería dar una mala impresión. Conforme se acercaba paso por paso, iba pensando en cómo reaccionaría él, un poco sorprendido, otro poco apenado y ese gesto se transformaba de golpe en una sonrisa de vergüenza pero también de agradecimiento porque su ego no se había visto expuesto sin necesidad, y ella imaginaba que su advertencia no tenía para nadie mala intención, simplemente el destino había hecho que ella se diera cuenta antes, nada más, nada definitorio. Hasta se imaginó su aroma, un poco de hombre curtido bajo el sol, otro poco de calle recorrida una y mil veces y una pizca de colonia y un escalofrío la recorrió, haciendo que sus rodillas se golpearan suavemente y un cosquilleo de placer la embargara sin querer. Se imaginó cómo a partir de su acercamiento comenzaban a reconocerse cercanos, esos seres que nacieron para compartir el mismo aire. Con una sonrisa cada vez más amplia y pensando en que él agradecería con esa mirada plena de sus ojos pardos, iluminados por la alegría y reflejados en los de ella, que lo mirarían con adoración, con esa conexión que no quería aún aceptar, caminó un par de pasos hacia su encuentro y así poder decirle aquello que le explotaba en la garganta.


De la nada y sin mediar un segundo él sacó un arma cortita y con voz firme y amenazante, aunque sin gritar, pidió a los presentes que le entregaran el dinero y celulares y cosas de valor. Todos hicieron caso, no valía la pena morir en manos de un delincuente con la bragueta abierta…

16 votos a favor:

Shang Yue 4 de septiembre de 2011, 12:37  

el destino juega malas pasadas, seguro que ese hombre y esa mujer, en otras circunstancias habrían sido más infelices

Juan Ojeda 4 de septiembre de 2011, 15:36  

Hay momentos donde uno ve principios en todas partes,
una pena el mal entendido, o no, en realidad no es un mal entendido/ yo lo llamaría una semilla en tierra no adecuada,,,

Abrazo intendente!

esa de afuera de mí 4 de septiembre de 2011, 21:19  

y es así, como nunca terminamos de saber, qué tenemos frente a nosotros...

besos

Lila

Dany 4 de septiembre de 2011, 21:29  

Un chorro desprolijo y una mujer decepcionada. Nace una historia....o muere ahí. Abrazo.

Sir Lothar Mambetta 4 de septiembre de 2011, 22:03  

Si notó lo de la bragueta y el tipo encima saca un arma cortita, mejor hacer como que no lo vio. Los tipos somos muy susceptibles con respecto al calibre de nuestras armas. Que no se juegue la vida por una pavada.

Un abrazo.

Etienne 4 de septiembre de 2011, 22:56  

Shang, es probable que ella no le perdone ser tan poco prolijo en su vestir y en su accionar y seguro que a él le molestaría la excesiva simpatía de ella. Habría que darles una chance.
Besos!!

Juan, los principios están en todas partes, somos nosotros quienes pasamos de largo en la gran mayoría de los casos!
Excelente metáfora has utilizado!
Abrazos!!

Esa Lila, casi siempre la primera imagen que tenemos del de enfrente responde más a un deseo o necesidad que a la realidad, y vivimos ficticios hasta que se acaba el presupuesto.
Besos!!

Dany, podría nacer siempre y cuando el chorro le perdone el celular berreta o las monedas que de nada valen y ella se anime al bajo mundo de los robos al menudeo!
Abrazos!!

Sir Lothar, tiene usted toda la razón, encima que el buen hombre estaba en una situación de stress, delatarlo hubiera sido suicida.
La mejor opción para la dama es quedarse calladita nomás!
Abrazos!!

GABU 5 de septiembre de 2011, 17:51  

Aaaaajajajajajaaja

Me hiciste reir mucho con ese desenlace tan sorpresivo!! ;)

P.D.:Y en ese instante súbito,dónde habrán ido a parar todas esas percepciones juntas que ella venía elucubrando... ¬¬?

BESITOS TRANSITORIOS

Zeithgeist 5 de septiembre de 2011, 18:32  

ay... si al menos hubiera sacado un arma decente..

Mista Vilteka 6 de septiembre de 2011, 1:08  

Pues tuve que leerlo dos veces y me cambió el final la lectura del principio. ¡Buenísimo!

Ella, claro, imaginándose un olor. Y él un billete.

¡Un abrazo!

F.

Yoni Bigud 6 de septiembre de 2011, 12:01  

Hay braguetas que es mejor no explorar. Quien lleva un arma corta siempre puede llevar dos.

Un saludo.

Yoni Bigud 6 de septiembre de 2011, 12:06  

Oh. Me madrugó Sir Lothar con el comentario. Bueno, lo que vale es la intención.

Un saludo.

eMiLiA 6 de septiembre de 2011, 20:46  

Ups, ese final sí que no me lo esperaba, ja!

Muy bueno.

Abrazo!

Lola 7 de septiembre de 2011, 3:28  

Me hizo acrodar a un caso que leí de un ladrón que no entendía cómo lo habían reconocido si usaba el consabido pasamontañas... con la placa en su overall de trabajo que señalaba su nombre y empresa.
Ojo, a todos nos puede pasar tener la bragueta abierta alguna vez, pero es cierto que le quita dignidad al robo. No es lo mismo ser robado por alguien que te genera respeto que por alguien que hubiera necesitado nuestra ayuda.

Besos!

Etienne 7 de septiembre de 2011, 20:51  

GABU, me la imagino poniéndose toda colorada por las cosas que hacía un segundo había sentido y de golpe las tuvo que enterrar!
De a poco voy aprendiendo a contar una historia, jaja!
Besos!!

Zeith, pasa que si se subía al bondi con la Itaca recortada, como que eran demasiado obvias sus intenciones!
Besos!!

Felipe, ojito que el billete nuevo, recién salido de imprenta también tiene olorcito atractivo!!
Abrazos!!

Yoni, lo madrugaron con el comentario, es cierto, pero no deja de ser algo a tener en cuenta para evitar futuros chascos!
Abrazos!!

Emilia, venía demasiado lindo y me tenté con estropear el relato! Jaja!
Besos!!

Lola, ese incidente le quita absolutamente toda la seriedad al atraco, ya pasa a ser un hecho bochornoso y si fuera una serie de TV yanqui, el héroe le señalaba la bragueta y cuando el chorro se distrae tratando de subirsela, le arrebata el arma y todos felices. Ah! Y seguro que se la levantaba a la señorita también...
Besos!!

Humberto Dib 9 de septiembre de 2011, 0:45  

Un lindo guiño final... Un buen delincuente tiene que pelar, como mínimo, una 38, de esa forma no defraudaría a nadie, aún con la bragueta abierta dejando a la vista un feo slip con corazoncitos.
Un abrazo.
HD

pamod negi 14 de septiembre de 2011, 8:18  

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