martes, 29 de octubre de 2024

Nacida y demás

Todo brilla bajo el helado resplandor del sol invernal. Un rayo traspasa el ventanal, reposa sobre la espalda del sillón y termina desparramado bajo la pata de la mesa.
Adentro del living atestado de muebles la atmósfera es cálida y así debe ser. Varias mantas descansan sobre el baúl del living y en las camas de ambas habitaciones, uno nunca sabe dónde y cuando las necesitará tener a mano. También pequeños trozos de tela para enjugar cualquier efluvio encuentran asilo en bolsillos urgentes.
A pesar del paso del tiempo, aún siguen viniendo visitas; el ritual es básicamente el mismo: timbre, abrazos, felicitaciones, regalo, mate, charla varia, saludos y despedida. No podría decir que las disfruto, tampoco que me molestan pero a veces una necesita (en la acepción más vital) de un poco de tranquilidad y silencio. Lo que mi heredera no podrá nunca reclamar es por la falta de presentes, eso no cabe la menor duda.
Todo lo que una madre pueda decir acerca de su vástago podrá ser (y con justa razón) tildado de parcial, el juicio nublado por cataratas de babas maternales impide hacer un despliegue honesto de características, subrayando las enormes capacidades que transformarán a nuestra hija en cualquier cosa sobresaliente que se nos ocurra e ignorando los ya de por sí inexistentes defectos. Los agudos gritos son interpretados como la afinación de una futura barítona, los intermitentes llantos pronostican a la sucesora de Andrea del Boca y los dedos largos auguran cualidades innatas para descollar tocando el piano. Toda ella está concebida para arrasar con los corazones humanos, sin distinción de género ni color, sus pestañas curvas hacen un aleteo hipnótico, sus brazos estilizados confeccionados para estrujar cinturas y sus infinitas piernas vadearán los océanos sin esfuerzo.
Atrás en el olvido quedarán las noches en vela, caminatas alrededor de la mesa aferrada a la esperanza de que sus ojos pronto encuentren descanso y mi cuerpo sosiego. Estas cosas no son más que detalles pintorescos de una relación que se fortalece con cada segundo que transcurre.
Si alguien alguna vez pudiera buscar y no encontrar una definición de belleza, que me llame sin dudar, una foto de ella será más que suficiente para simplificar el concepto.
Fuera, la fría noche se cierra haciendo de los transeúntes pequeñas fumarolas de vapor, la luna vigila espectante la ventana de aquel tercer piso, como queriendo compartir un pequeño momento con el sol que allí descansa.

lunes, 21 de octubre de 2024

Cuentos en el póster

Colmada de olvido vaga mi mente por parajes sin identificación, como queriendo perderse en el anonimato, negando todo aquello que se empeña en intentar herirla, ignorando con el mismo esfuerzo aquello que su bien pretende.
No se da cuenta que la capa protectora, el escudo benefactor la aísla también de todos los intentos de rescate porque en definitiva ella está con el rumbo perdido, ahogándose en ese océano infinito sin intentar siquiera levantar la voz pidiendo socorro. Aquella mano que se tiende, aquél abrazo que se otorga, no encuentran destinatario posible.
Y es que ciegamente erra por este laberinto desconocido, por esa maraña de encrucijadas que se multiplica por doquier y no puede escapar; esa intención de imaginarse un cuento le impide concentrarse en esa tarea vital.
Se va hundiendo cada vez más, sin remedio, arrancado de cuajo el bosquejo incipiente de libertad y olvidado el camino hacia la salida.
No se entera que ese otro espacio más luminoso, más vivo está allí, del otro lado de ese ínfimo lienzo, piensa que es vano empujarlo con la punta del dedo, que jamás cederá, que jamás la indultará.
Prefiere quedarse en el interior, buscar excusas para calentarse en los duros inviernos, prefiere no luchar arropándose con cuentos que adora como íconos incontrastables. Elige cubrirse tras la penumbrosa trinchera y agachar la cabeza timorata que empujar ese límite.
Prefiere la oscuridad segura y derramar secas lágrimas al desafío de rasgar la frontera y ocupar la siguiente casilla; elige el refugio del pasado y aferrar momentos de lujo, vidas mejores, que alentar la búsqueda de alientos de bocas sinceras, vientos renovadores del sur.

lunes, 14 de octubre de 2024

Límite para siempre

Hoy te pensé más de lo debido
te apoderaste de mi corazón sin piedad
te recostaste ante mis ojos
y te quedaste ahí
tan seria, con tanta determinación
que yo solo
me limité a observarte.

Hoy te extrañé más de lo debido
me ahogaste el recuerdo con tu sonrisa
me desmayé al caer en la cuenta
que no te tenía conmigo
y desesperé
y grité enroncando mi voz
lo mucho que te quiero.

Hoy te pertenecí más de lo debido
eché por tierra el orgullo
rompí las máscaras
del fanático y descabellado machismo
y me entregué
sin oponer resistencia
a tus brazos imaginarios.

Hoy te pensé, te extrañé
mi corazón lloró tu nombre
y mi voz se apagó prudente
y quise tu boca en mi boca
y extendí mis brazos buscándote
que atravesé los límites de mi razón
derribé mi orgullo y sometí mi vergüenza.

Aquel día entré en razón
caí en la cuenta
lo que para muchos es obvio
extrañarte más de lo razonable
es poner resistencia
cuando el sentido pierde el rumbo
y la razón su conciencia.

Durante todo ese día
traspasé líneas que durante mucho tiempo
me parecieron infranqueables
hoy, este límite de la vergüenza
ya no existe para mi, para vos,
más de lo debido
hoy, para siempre.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Aquel hombre

 Aquel hombre había absorbido del aire una suave manera de hablar, sus palabras eran brisa fresca para el que las escuchara, sus dichos eran bálsamo para las almas perdidas. Podía con su tono de voz tranquilizar incluso al más nervioso.

Ese hombre de tanto mirar al bosque había adquirido una mirada añosa, de verde paz, que ahora reposa en sus ojos cristalinos. Podía con su pacífica mirada transmitir una tranquilidad infinita a quien se perdiera en el inmemorial tiempo de su pestañeo.

Aquel hombre había aprendido de la inacabable soledad, del insondable silencio, una manera de ser pacífica, muy serena y cansina que se transmitía a todo aquel que se zambullía a la experiencia de compartir con él un momento de su vida.

Este hombre había aprendido a saber cuando era el momento adecuado para todo, cuando había que callar, cuando había que hablar y en ese caso, sabía con claridad las palabras que debía decir. Todos recurrían a él en busca de consejo, buscaban en él un guía, tal vez un gurú honesto que los sacara de cualquier predicamento que a alguien lo aquejara. 

Este hombre ya se marchó pero dejó en la arena una clara huella que no se borrará tan fácil en la marea alta.