Cené en un lugar cerca del centro, con un servicio tan malo que podrían ser los cuidadores de la puerta del mismísimo infierno y la comida que allí me dieron podría haberle hecho un agujero al concreto más mentado. Lo bueno es que fue rápido, dales de comer y échalos. Yo tenía una razón para comer ahí, pero toda esa gente esperando afuera para sentarse aquí, sólo Dios sabe por qué quieren comer esta tremenda bazofia y además, ser tratados como culpables del crimen más horrendo que se les ocurra. Podrían hacer lo mismo en su casa, sacando la comida de una lata y soportando la perorata de la televisión. Pero no pueden quedarse encerrados en sus casas. Tienen que salir a mostrarse en algún lugar. Tienen que subirse al auto e ir a alguna parte. Empezamos de nuevo. No estás humano esta noche, Marlowe.
El cliente quería saber con quién se vería su elegante esposa esa noche, y yo que no tenía nada mejor que hacer, acepté sus miserables 25 dólares, nada más porque era necesario pagar el servicio de electricidad y mi cuenta de banco pedía a gritos un depósito. Se rió cuando le dije mi tarifa y desde ese momento me arrepentí de haber aceptado el trabajo. Sacó su billetera de cocodrilo con recelo, porque son ricos justamente porque les cuesta soltar el billete. Los anteojos negros y gestos y voces seudorrefinados y moralidades móviles disimulan apenas la corrupción que los mantiene. No, espera un minuto. Hay mucha gente buena que gana mucho más dinero que tu. Tu actitud es incorrecta, Marlowe. No estás humano esta noche.