Entré a un salón muy iluminado, de paredes blancas y cielo raso del mismo color. Había cuatro o cinco filas de asientos, algunos contra la pared lateral, otras acomodados unos frente a otros; casi todos estaban ya ocupados. La mayoría de los que estaban allí eran hombres, con la excepción de dos o tres mujeres sentadas todas en un rincón. Había un tótem a la izquierda de la puerta en la que se podía sacar un papel en el que se indicaba el turno. Suspendido en un soporte negro, un televisor anunciaba el número ganador.
Más al fondo había un largo mostrador de melamina gris, un poco más alto que una barra de bar, tras el cual se apostaban tres secretarias con cara de muy pocos amigos, yo diría que casi ninguno. Ninguna miraba a la cara al paciente que estaban atendiendo, seguramente lo que aparecía en la pantalla de su monitor era más importante. El tono monocorde de las voces confirmaba que nada de lo que se decía allí era de su particular interés.
Sumido en mis pensamientos, me senté casi al lado de la puerta, con el número en la mano y la pantalla a la vista. Los rostros mezclaban la somnolencia normal de la madrugada, la fatiga crónica de quienes deambulan la calle en busca de oportunidades y el desamparo de quienes están a punto de abandonar. Apenas un murmullo de voces apagadas matizaba el zumbido de las impresoras que sin cesar sacaban formularios infinitos y fichas personales con datos que muchos querían dejar sin saber.
Al cabo de lo que pareció una eternidad, vi mi número. Me paré con fingida seguridad y me acerqué al mostrador. Las típicas preguntas, esas que te hacen cuando ya saben las respuestas y solamente buscan que las confirmes, algunas cosas realmente no me las acordaba pero era claro que no las podía negar, sumado a mis datos personales, todo eso fue a parar a la memoria del aparato. Este proceso me permitió ver las larguísimas uñas de la secretaria, su cabello rojo furioso y un portalápices vacío excepto por una lapicera y una regla pequeña. El silencio incómodo se prolongó por un par de minutos más hasta que me indicó una puerta por la que sería llamado.
Arriba, mi cuerpo inerte, aún tibio esperaba sin vida bajo el camión que me atropelló. La ambulancia venía algo demorada por el tránsito. El ingreso al infierno no puede parecerse más a un mostrador público. Increíble.
Sospecho que el infierno debe ser algo así, nada sofisticado, nada tétrico. Simple rutina, silencios incómodos, mostradores interminables donde entregas, una y otra vez, los mismos datos... Supongo que la diferencie entre estar a un lado u otro del mostrador es el grado de los pecados cometidos.
ResponderEliminarYo creo que el infierno se ve de acuerdo a cada uno de los que están allí, recreando los peores miedos, fobias o temores, adecuando el escenario. Yo odio los trámites, los bancos y las oficinas públicas, por lo que estoy recreando mi infierno personal.
EliminarAbrazo!
Un infierno a medida, eso es que has contratado el plan plus, qué afortunado, el mio seguro que hasta tiene pausas publicitarias porque es el plan básico :)
EliminarTremendo relatazo!
ResponderEliminarLamentablemente el más allá se parece estrepitosamente al del más acá...
Ni morirse puede uno... :)
Besitos y buen finde!
Así de simple y llano, te morís y te siguen al más allá tus peores pesadillas!!
EliminarGracias por los halagos!!
Besos y mejor finde para vos!
Copio y pego directo de mi bloguito: "Ya si no, los veo en el infierno, amiguitos, que nosotros, los conejitos Zavalas, ya tenemos pases VIP en la zona platinum. En cuanto lleguen, pregunten por el conejito pestilente al guardia de seguridad en la cadena de la entrada; los dejará entrar." Me encantaría poder enviarle la entrada que usted magistralmente escribió a mi amiga satanista, haha la gente cree que cuando digo "satanista" o es broma o es una chica que se viste de negro y "poser" sin saber que ella en efecto y literalmente es satanista, pero buenísima onda. Lamentablemente le perdí la pista, era brillante también, tenía pensamiento lateral que no cualquiera, veía lo que JAMÁS veríamos aún si poníamos todo de nuestra parte.
ResponderEliminarLa entrada se la puede enviar y regalar con moño y todo, no hay problema. Su amiga tenía una habilidad única que es ver la realidad disimulada en la pseudo-realidad, por lo que deduzco que hizo un trato con el infernal o incluso, sería una representante del averno en la tierra. Hágase amigo, no la contradiga.
EliminarEn el natural país donde vivo, País Vasco, esas "secretarias" hace ya muchos años que dejaron de estar. De cuando finalizó la dictadura de Franco!
ResponderEliminarHoy, las de mostrador, son funcionarias administrativas. Personas normales, afables, dispuestas al diálogo amable, y hasta comprensible al tratarse de pacientes de hospital.
Amigo Etienne, aquí no sólo no contamos con infierno alguno, por inexistente... :))))) Sino que la vida es otra historia.
¿Te has planteado cambiar de país?
Abrazo.
Hay algo que en esta ciudad resalta como mosca en la leche que es la muy mala, pésima atención que se recibe en casi todos lados, desde un local de ropa, pasando por los agentes de tránsito hasta la persona que atiende en cualquier bar. Todos tienen la actitud de que uno viene a arruinarle el día y se descargan en consecuencia.
EliminarMe gusta mi terruño, no podría sentirme en casa en otro lugar. Eso si, puedo ir hasta allá para conocer, que viajar si que me gusta!
El aparato burocrático de los estados, de las empresas, de las obras sociales, claramente es una invención del diablo.
ResponderEliminarCierto que no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas.
Saludos,
J.
Estoy de acuerdo, debe ser una especie de estación de entrenamiento, un purgatorio como para ir entrando en ambiente.
EliminarTampoco tengo dudas de eso.
Lo bueno es que al menos hay atencion de una "persona"..... podrian tener esos sistemas automaticos de respuesta.
ResponderEliminarPero obviamente creo que tanta gente se muere y tanta gente debe ir a esos destinos finales, que probablemente si requiera de cierta logistica, para atender tanta alma en transito.
A lo mejor tambien hay errores: digamos te tocaba ir al purgatorio.... pero por error caiste en los infiernos..... ¿con quien se queja uno?
Es verdad, es el toque humano dentro de la escena. Podría haber sido una especie de animatrónico o un mutante el que te reciba en el mostrador, tal vez un ángel caído. El problema es que no están sindicalizados, jaja!
EliminarLos que llegan por "error" en realidad es un acierto, ellos creen que se merecen algo mejo y ahí está su pecado.