martes, 5 de mayo de 2026

La vida privada de las acciones

Un individuo camina por una vereda de la ciudad. Piensa que es injusta la vida, que su estómago esté vacío, incluso más que sus bolsillos y que no debería ser así. Piensa que es injusto que las cárceles estén llenas, incluso más que las calles que él pretende defender.
Cree que se merece mucho más de lo que tiene, que tiene una capacidad única y que está desaprovechada, inactiva en su interior y lista para ser útil.
Está convencido que el sistema lo ignora adrede, no concibe la posibilidad de hacer otra cosa más que agredirlo, hacerle daño.
Los dueños de los compartimentos privados lo mirar con recelo; los dueños de los corredores alquilados fruncen el ceño cada vez que lo ven merodear. Los dueños de la sombra de aquel refugio lo espantan con mal retenido furor; los dueños de un odio similar al de él lo llaman a su seno.
Puede pensar que la ciudad lo maltrata, la propiedad lo margina, el gobierno lo olvida. No deja de ser dueño de sus pensamientos, lo cual considera que lo hace rico y único.
Puede pensar que odia estar afuera, sin saber que adentro no es mejor. Puede pensar que desprecia a quien posee, sin saber que quisiera tener. Puede creer en su propia justicia y actuar en consecuencia y cometer en un mismo acto una tremenda injusticia.
Puede pensar que estar adentro es mejor, sin sospechar que tampoco está exento de desafíos, segregaciones y olvidos. Puede creer que esa vida que desea será su sueño cumplido.
Allí mismo está la vida privada de tus actos, convirtiéndose en pública y en el mismo momento, se deshilacha, se convierte en patética y vacía, sin sentido.

Mantené privadas tus acciones, no creas que lograrás algo haciendo públicas tus miserias.

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