¡Y se fue el tercero!

>> martes, 29 de noviembre de 2011

Siempre es interesante creer que los aniversarios marcan un instante demarcatorio, una frontera entre lo que se hizo, lo que se dijo y lo que se dirá en un futuro. Podemos tomar ese punto, ese día, como un mojón de referencia, un punto al cual remitirnos cuando se nos ocurra hacer una retrospectiva.
Tomemos por ejemplo, un 29 de noviembre de 2008: era un día difícil de un año particularmente difícil. Sin embargo, la comunidad virtual abrazaba sin saberlo a un personaje frívolo pero simpático, déspota pero honesto, algo llano en su carácter pero carismático y daba fecha de fundación a una Ciudad en la que la diversidad sería la estrella principal, la ciudadana ilustre. Desde aquél momento y hasta hoy han pasado 3 años en los que han podido observar (aquellos cuya capacidad de tolerancia lo hayan soportado) injusticias de toda índole, caprichos alevosos, textos robados, ordenanzas intolerables e intentos de literatura; han desfilado por las calles visibles personajes odiosos, amables, ficticios, nocturnos, soberbios, amarretes, insoportables.
Y a pesar de lo que se pueda decir, les reconozco que quien se ha enriquecido infinitamente con este espacio ha sido el Intendente Vitalicio; los ciudadanos que han poblado las veredas de esta ciudad, con sus letras y sus gritos, con sus boleros y sus guisos carreros, con sus imágenes y sus silencios, son los principales inversionistas de este inverosímil negocio y le han proporcionado una mochila enorme de sabiduría, de emociones que se han grabado indelebles en su mente.
Y, como no puedo ser más auténtico que esto, me auto-robo un párrafo del posteo del aniversario del año pasado:
"...Una historia de ficción, un personaje que no existe, textos arrancados del alma misma, fotos que iluminan, palabras que son adictas a nuestros ojos pero mueren de vergüenza cuando las leemos, una calle que puede ser todas y un despacho sombrío que revive cada vez que ustedes entran. Un poeta que sangra por el corazón, un tanguero nostalgioso, un timbero adicto a los dados, un filósofo en cuestiones irrelevantes, un amante incansable, una novia inalcanzable, un conductor de camionetas, todos juntos en la ciudad.
Todo eso es en definitiva esta Ciudad Visible, todos nosotros recreamos en cada punto y coma un rincón de nuestra propia ciudad y la ponemos acá, para edificar sin pausa este rompecabezas que una vez completo nos mostrará que todo lo vivido no es más que un simple recuerdo y que el porvenir aún ni se bosqueja..."
Ustedes son mi mayor tesoro. En serio se los digo.
Besos y abrazos, pero sobre todo, un enorme agradecimiento por siempre estar aquí leyendo estas sandeces.

Int. Etienne

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Fantasía en el gimnasio

>> jueves, 24 de noviembre de 2011

Entraba al gimnasio, dejaba su mochila en un locker, sacaba la toalla de mano y se lanzaba ciegamente a cumplir con su rutina: al principio con la planilla en la mano, estudiando los ejercicios, calculando los pesos y dosificando las repeticiones y más tarde, tal vez en el transcurso de la segunda semana, ya más confiado y de memoria, se deslizaba entre las máquinas como si fuera de la casa.
El objetivo que lo había llevado a ese antro de salud física y músculos febriles era al comienzo claro y definido: una lesión jugando al tenis y una rehabilitación sencilla que le llevaría no más de seis meses.
El profesor lo guiaba, le indicaba la técnica de los ejercicios más exigentes y complicados y lo dejaba solo cuando veía que le había tomado la mano y no corría riesgo de provocarse otra lesión. Y era al único al que le dirigía la palabra. No podía mirar a esos desconocidos, todos transpirados y sedientos, le parecían seres trastornados, como si estuvieran enchufados a una máquina de producir energía por movimiento. Si algún aparato estaba ocupado, esperaba sin apuro; si alguien le preguntaba si podía alternar, se alejaba abandonando su lugar.
Hasta que pisó la banquina. Perdió el control de sí mismo.
Ella iba siempre al gimnasio, simpática y sencilla. Morena, de pelo y calzas negras, cuarentona deliciosa. Nada fuera de lugar, excepto un leve color morado en los labios, que podría considerarse excesivo en ese lugar. Un culo rotundo que era un monumento, exacto en sus proporciones, inventado para deschavetar al más pintado, generar tortícolis masivas y humedecer sueños nocturnos. Y él sucumbió a su embrujo.
Encerrado en su mutismo, simuló estar desconcertado con sus ejercicios y con una impostada cara de extrañeza se acercó hacia ella. Quiso hacerle una pregunta. En su imaginación, confiado, se dirigía a ella con aplomo y hombría y ella respondía a sus preguntas primero y a sus galanteos después con firmeza e interés. Pero se miraba al espejo y ella seguía indiferente, concentrada en su rutina.
Empezó a ir todos los días y se quedaba rondando al lado de las máquinas, boquiabierto, mirándola. Estaba para enmarcarla cuando hacía los tríceps con la rodilla apoyada en el banco y su trofeo mirando al sur; era una deliciosa silueta curvilínea cuando trepada al elíptico transpiraba delicadamente. Y en su imaginación, ya perdida, se acercaba a ella, le aferraba la muñeca haciéndole caer la mancuerna y ya desnudos, ante la mirada extrañada del profesor, hacían el amor sobre la colchoneta de los abdominales.

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La vida se abre camino (bis)

>> viernes, 18 de noviembre de 2011

Estás preparado para todo.

De chico te mandan a piano, inglés, zapateo americano y karate; algunas clases incluso nos gustarán e iremos alegres e interesados.
De adolescente vas al gimnasio, a reforzar los biceps y los pectorales para poder mostrarlos ufano en la pileta o en la playa.
En la escuela te dan los conocimientos básicos para poder enfrentar el mundo moderno: matemáticas, lengua, sociales, conocimientos cívicos y otras materias más o menos superfluas.
Las cuestiones amorosas, ah, esas espinas que nos clavan en el corazón. Se curan con la próxima aventura. Las decepciones son más difíciles, porque no nos permitimos perdonar. Pero a eso incluso nos enseñan a superar, con terapia o con vicios o con un cambio radical de vida.

Pero hay algo frente a lo cual uno se queda sin palabras.
Es ese momento en que pensás que la vida tiene un sentido, que para algo estamos acá. Y cuando creíste que todo estaba sereno, que no habría nada que te saque de esa rutina, que no molesta porque reconforta, pero que ciega el alma. Se te pinta primero una sonrisa trémula, una especie de movimiento tímido que de a poco se transforma en una gran risa alegre, capaz de contagiar a todos alrededor.

No supe cómo reaccionar, me quedé así, tal cual. Con una inmensa dicha en el alma.
El Intendente deberá ampliar su despacho, para hacerle espacio a su sucesor. Viva el nepotismo! Señores, hay dinastía!

Int. Etienne

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La vida se abre camino

>> sábado, 12 de noviembre de 2011

Te escuchaba llorar en la habitación contigua; un llanto apagado, contenido, como que no querías que ese llanto te delatara débil, conmocionada; luego un silencio, como si quisieras recomponerte y un chasquido.

Abriste la puerta, entró algo de claridad. Empezaste a hablarme, con ese tono que tan bien te conocía, mezcla de amor incondicional y bronca, dejando escapar las palabras por entre los labios tensos. Hablaste de todo lo que pasamos juntos, las cosas buenas y las cosas malas, lo que nos unió en un principio y lo que nos había llevado al abismo más tarde. Hablaste de cómo nos había envenenado las malas intenciones de ciertas personas, de cómo pudimos ser mejores personas juntos en lugar de terminar discutiendo por pequeñeces, por el placer de pelear nada más.
En ese momento quise hacer todas esas cosas que te debía, envolverte con mis brazos, darte confort, darte seguridad; besarte las mejillas para demostrarte que me importabas y los labios para demostrarte que te amaba.
De pronto un nuevo silencio, una pausa. Un suspiro resignado, profundo. Entonces dijiste:
- Estoy embarazada. Es tuyo. Fue aquella vez después de que cocinaste esos fideos horribles. ¿Te acordás?
Quizás, si no hubiera entrado tu hermana para avisarte que ya era hora, te habría hecho notar mi alegría, de alguna manera. Pero mi funeral estaba por comenzar, tenías que estar allí para decir algunas palabras y mi cuerpo irreconocible, dentro del cajón, presidiría la ceremonia.

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Otras ciudades [24]

>> martes, 8 de noviembre de 2011

La Colina (BUENOS AIRES)

Nos juntamos todos en el tinglado que hacía de comedor y salón de reuniones al resguardo de la lluvia que seguía mojando la tierra. Estaban las chicas de Rivera, el grupo de Coronel Suárez y nosotros. Estábamos nerviosos, era un partido definitivo contra Australia y pintaba muy complicado; ya saben, Diego recuperando su estado físico pero con la magia del pie izquierdo intacta y el resto para enfrentar el repechaje.
No nos fuimos a acostar porque sabíamos que levantarnos sería más difícil. Entonces nos fuimos repartiendo en pequeños corros y charlamos y tomamos mate y alguno tocó la guitarra y tiritamos juntos de frío y de deseo. Tu pelo lacio era todo para mi, me hipnotizaba con su balanceo y el Diego podía irse a freir churros que no me importaba. Faltando una hora para el comienzo del partido cuando nos dijeron que podíamos empezar a caminar: teníamos dos kilómetros hasta el poblado donde íbamos a mirar el partido. La noche cerrada, los charcos de lluvia y el barro traicionero hicieron la caminata un poco más entretenida. Yo no veía más que tu perfil cerca del mío, aferrando la frazada que nos protegía del frío nocturno y nos unía como un manto sagrado, como una capa.
El gol de Balbo, una anécdota.

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Perdido en tus ojos

>> viernes, 4 de noviembre de 2011

Te miro frente a frente

y me pierdo en una maraña de celeste dulzura;
tus ojos dicen todo lo que tu boca calla.

Te miro aunque no me veas
y me extravío en un laberinto de celeste candor
tu mirada dice todo lo que tu corazón oculta.

Te miro bien profundo
y vagabundeo en calles de celeste primoroso;
tus pupilas delatan todo lo que tu alma siente.

Te miro derecho a los ojos
y me pierdo en un enriedo de celeste inocencia;
tus iris reflejan todo lo que tu mente piensa.

Te miro y tus ojos me atrapan
en una frenética danza, en un torbellino celeste;
me inundo, me ahogo.



P.S.: La foto mucho no tiene que ver, lo sé y lo advierto.
Es que el Piltri tiene ese inevitable don de la omnipresencia...

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