Ahí nomás en las cuentas, seguimos ocupando el sillón...

>> martes, 29 de diciembre de 2009

En la ciudad ya se huele el fin de año...
No, no es por el olor a pólvora de los petardos, no me refería a eso.
Lo que quería decir es que la gente ya anda con un 2010 pintado en la frente, pensando las cosas que deberá cambiar, las que no, las cosas que deberá dejar de hacer y decir, la dieta que si o si (según el doctor) deberá empezar (y no precisamente el lunes...).
El 2009 se nos fue en un balance desparejo, con altibajos, con vaivenes.
En la Intendencia quedan un par de legajos por cerrar, otro par de obras por hacer y muchas cosas, de esas que llenan el alma, en la columna del haber.
Sigo afirmando que el espacio virtual da vida a muchísimas cosas que se cristalizan en la vida real (o al revés, lo importante es que coexistan) y que me han dado un apoyo que no sabía que necesitaba. Esto es difícil de explicar. Quiero que sepan que son importantísimos, que sus palabras son válidas para mi.
Fue un buen año, si. Casi muy bueno, si no fuera por cosas que escapan a todo control. Espero que la tendencia se mantenga, tal como viene, estable y mejorando.
¿Deseos para el año que viene? Deseo que sean felices.
Cada vez que pasa una estrella, en mi cumpleaños, cuando pasa un coche con los recién casados, ocasiones para pedir deseos, yo no pido nada. ¿Qué puedo pedir si ya tengo lo que quiero?. Entonces pido eso, que sean felices. O mejor, pido lo que ustedes quieran.
¡Desde el despacho intendencial de la Ciudad Visible, con la copa en alto, les prometo más decretos, más incoherencias, más politicadas, más de lo mismo para el año que entra!



¡Salud, mis queridos Ciudadanos!
Int. Etienne

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Belleza

>> sábado, 26 de diciembre de 2009



Miré hacia el horizonte donde oscuras nubes derramaban su acuosa carga, donde la dorada bola de fuego asoma cada día para bendecir a este mundo loco con su acariciante luz.
Miré hacia el cielo azul, celeste, a veces blanco, a veces gris, a veces un pizarrón de carbón surcado por puntos plateados y en su punto más elevado siempre se halla aquel satélite inspirador.
Miré hacia el suelo que cada jornada piso sin preocuparme si crece una verde mata o una colorida flor.
Miré en los hoscos rostros de los automovilistas apurados y también en sus vehículos, sin hallarla.
Busqué bajo los frescos árboles de la plaza y en las ramas de los arbustos del boulevard, bajo las baldosas sueltas de mi vereda.
También le pregunté a los pájaros errantes si sabían donde podía encontrarla pero no me supieron responder.
Y me cansé de tanta búsqueda inútil, y me senté en el cordón de la vereda a lamentar su pérdida.
Agarrado a mis rodillas estaba cuando escuché una voz que me preguntaba si me pasaba algo; me viste solo y desamparado y quisiste hacer algo por mí.
Y yo, al levantar mis ojos, vi en tu rostro alojada a la belleza que tanto en mi vida busqué.

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Se me vuelan las chapas

>> miércoles, 23 de diciembre de 2009

Al margen de las implicancias estéticas (los ciudadanos que me conocen personalmente y los que tuvieron la osadía de ampliar la foto del perfil entienden lo que quiero decir), lo que trataba de ilustrar con el título es que la Ciudad Visible es muy ventosa todo el tiempo. Y deja de ser visible tras una cortina de semillas, hojas, tierra, papeles y todo tipo de objeto volador muy reconocible.
Desde hace unos cuantos días ya el viento ha hecho su aparición y ha decidido quedarse. Uno supone que a la velocidad que pasa debería ya estar llegando a las costas de Uruguay; no obstante sigue acá firme y molesto.
Las ventanas cerradas de las casas y oficinas impiden que todo material que no esté firmemente adherido o apoyado al suelo corra serio riesgo de salir arrastrado al exterior. La presencia del viento se deja notar por el silbido que genera en las aberturas que no cierran herméticamente y la curvatura que toman los álamos de las chacras.
En tiempos de sequía como los actuales, la tierra suelta de la barda, de las calles y de los proyectos truncos de plazas es generoso material para trasladar y arrastrar, para agredir las pantorrillas de aquellos que se le animan a los pantalones cortos. Ni hablar de lo ojos que se llenan de lágrimas barrosas; los dientes trituran los granos de tierra que una boca abierta recibe.
Los edificios generan un embudo que canalizan la potencia del viento en un huracanado ventarrón que prácticamente detiene en seco la caminata de los transeúntes.
No es que el viento me genere cambios de ánimo ni de humor pero llega un momento en que es peor que la lluvia o la nieve. Impide cualquier actividad al aire libre y no deja en paz a quienes se le enfrentan.
Mejor, voy a cerrar la ventana porque se me están volando los patos...

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Literatura, ficción y más ciudades [10]

>> sábado, 19 de diciembre de 2009

"Cuando despertó a la mañana siguiente, muy temprano, como solía, sus ojos veían tan claramentecomo antes. Los ciegos de la sala dormían aún. Pensó en cómo decirles que veía, si convocarlos a todos y anunciarles la novedad, quizá fuese preferible hacerlo de una manera discreta, sin alardes, contarles, por ejemplo, sin darle importancia, Ya ven, quién había de pensar que iba yo a conservar la vista en medio de tantos que no la tienen, o quizás fuera más conveniente declarar que había estado realmente ciega y que de repente había recuperado la visión, sería hasta una manera de darles algo de esperanza, Si ella ha vuelto a ver, se dirían unos a otros, tal vez nosotros, pero igualmente podría suceder que le respondieran, Si es así váyase, en tal caso, objetaría que no podía irse de allí sin su marido, y como el ejército no dejaba salir a ningún ciego de la cuarentena, no tendrían más remedio que consentir que se quedase."

Ensayo sobre la ceguera - José Saramago

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A quien le importa?

>> miércoles, 16 de diciembre de 2009

A quien le importa
Tu rostro que denota tristeza
Tu andar de perdida realidad
Tus ojos extraviados en el pasado?

A quien le interesa
Saber que te duele el alma
Saber qué es lo que ahorca tu corazón
Saber que te alimentás de desengaños?

Quién quiere saber la verdad
Que tenés que contar?
Quien quiere oírte?
Si para ellos ya no existís más.

Nadie prestará atención a tus palabras
Tu historia no tiene vigencia
Ya no hay lugar para el amor
Sólo existe un vacío que llenar.

A quién le importa
Tu miserable y oscura vida
Tus brazos flacos, flácidos
Tu sonrisa hueca, muerta?

A quien le interesa
Que sangres por dentro,
Que bajes tu mirada contrita
Que llores por tiempos mejores?

Quién quiere dejar de lado
Sus ocupaciones y preocupaciones
Para prestarte su hombro
Para que no derrames tus lágrimas solo?

Nadie prestará atención a tus palabras
A nadie le importás, viejo
Dejate de soñar imposibles
A nadie le interesa compartir tu vida.

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Meditaciones en un día cualquiera

>> lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Qué tiene de especial cumplir años?

Un día tu madre estaba redonda como una pelota, pesada como collar de garrafas y al otro, cansada y transpirada, te sujetaba en sus brazos.
Un día te arrastrás como babosa por el piso, ensuciando tu ropita y golpeándote y al otro andás corriendo por el patio ensuciando tu ropita y golpeándote.
Un día tu compañía son las amigas de tu hermana y los Piluqui que te regaló el tío Nito y al otro tu compañía son esos compañeritos de jardín y la espada esculpida en madera de cajón de manzanas.
Un día lo importante es poder abrazar las rodillas de tu madre y al otro te da vergüenza que tu madre te vaya a buscar a los asaltos a las once de la noche.
Un día sos inimputable y todo lo que hacés es culpa de tus padres y al otro podés comerte perpetua (aunque sigue siendo culpa de ellos...).
Un día soplar las velitas es algo inocente y significativo, incluso ideal para la foto y al otro es de doble sentido y más vale que no te saquen una foto haciéndolo (o peor, que te filmen y lo suban a YouTube). En la torta, las velitas con forma de números, se van sumando impiadosamente.
Un día sos peatón y al otro un conductor; un día sos veinteañero y al otro, mejor ni hablar.



Si no fuera algo importante no habría horóscopos, no existirían las cartas astrales, ni los astrólogos, no importaría que los amigos y familiares, compañeros de trabajo y lamezuelas te llamen en este día. Tampoco importaría discurrir sobre este día si no me importara. Es decir, ¿qué tiene de especial este día para que alguien piense que uno debería pedir el día libre en el trabajo?. Me acuerdo una vez que en abierto desafío a mi papá, le dije que no iría al campo con él, con la excusa de cumplir años. No sirvió de mucho, no me hizo más sabio ni nada por el estilo.

No es un día cualquiera. A veces podemos decir que no queremos cumplir años, que nos revienta el paso del tiempo, que nos resistimos al inexorable devenir de la vida.
Otras veces, es una excusa para brindar y ahí, pedimos muchos más. Entonces, queremos más.
Y yo quiero más. Quiero cumplir otro año más. Porque levantar esa copa y brindar frente al fuego de una vela es una señal de que estoy vivo, la verdadera señal de que todavía quedan cosas por hacer.

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Llámese como sea

>> viernes, 11 de diciembre de 2009

Hoy comencé a ver las cosas de diferente manera, quizás más complicadas,
(porque no siempre se cambia para mejor)
quizás más profundamente,
(porque no siempre se avanza hacia arriba).
No sé de donde llega esta claridad generosa, esta sapiencia que me tiene como destinatario y aunque me gustaría verle la cara, por ahora me dedico a otra cosa, en lugar de andar metiendo mis pensamientos en cosas que realmente me tendrían que preocupar.
Utopía, descenlace, metamorfosis, resolución final,
llámese como sea
es un cambio sensible, no sensible de sentidos,
sensible de pequeño, casi imperceptible.
Es un cambio humano, no humano de seres,
humano de sentimientos, cariño, odio,
erróneo, tan imperfecto, tan... tan...
llámenlo como quieran.

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De-tox ciudadana

>> miércoles, 9 de diciembre de 2009

Debido a la humedad y calor de los últimos días, algo hizo eclosión en el entretecho de la Intendencia. Ese algo debe de haber sido un cadáver de algún tipo de roedor o alimaña que incubó durante no sé que cantidad de días un sinfín de huevas de moscas, que lejos de ser pequeñas e inofensivas, eran del tamaño de un IA63 Pampa y transportaban una carga tóxica peor que el Enola Gay. Sus recorridos por sobre los escritorios arrancaban grititos histéricos y provocaban estampidas de personal, incluso del staff jerárquico, además de ciertas sonrisas sarcásticas y divertidas.
Decidimos aprovechar el feriado para intensificar un trabajo de desinfección que comenzó el lunes por la tarde y continuó durante todo el martes.
Hoy por la mañana, llegó el turno de la limpieza, el barrido de los innumerables cadaveritos y la humectación lisofórmica y lavandínica de todo tipo de superficies. Demás está decir que hubo ciertos personajes que sufrieron comezón en la piel, irritación de ojos y de garganta (supongo que estarán emparentados con los piojos y otro tipo de parásitos), los cuales vendrán a trabajar mañana como corresponde.
Es por este motivo que las cajas no recaudarán esta semana, cargando los intereses respectivos a partir de la semana venidera.

Saludos desde atrás del barbijo.
Int. Etienne

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Otras ciudades [10]

>> domingo, 6 de diciembre de 2009

Mar del Plata (BUENOS AIRES)

Escena 1 - Torneos Juveniles Bonaerenses.
La final de los 4000 metros cross country tenía como participantes a 17 distritos con equipos conformados por 10 corredores cada uno. Mi equipo, clasificado vaya a saber porqué milagro, tenía solamente 3 integrantes: un flaco que parecía derrumbarse cada vez que uno lo miraba, un gordito de pelo largo que fumaba parisiennes y quien esto relata. Salimos a la pista por el honor de competir, por el logro de llegar y pasar la meta y no recuerdo si siquiera nos dieran una medalla. Creo que al gordito todavía lo están tratando de revivir.

Escena 2 - Viaje de estudio universitario.
Desde el centro de la ciudad donde estaba el hotel donde nos alojábamos nos fuimos caminando hasta el puerto, lugar que nos tocó en suerte para efectuar nuestra práctica profesional. Inspeccionamos las calles, los lugares, las distancias, todos los detalles fueron tenidos en cuenta para lograr una perfecta demostración de nuestra formación académica. En un momento del relato, frente a un grupo de lobos marinos adormecidos en la costa, uno de mis compañeros dice:
"Luego del apareamiento, los lobos agarran y se van..."
Yo, lo que me agarré fue la cabeza...

Escena 3 - Locura playera.
Conseguir un lugar para poner la loneta en las playas del centro es prácticamente una hazaña. Luego de caminar por más de tres cuartos de hora, luchando contra la arena y los veraneantes y sus ínfulas de okupas, recurrimos al último recurso.
Aunque el césped no es parte de la playa, también es útil para tomar sol.

Escena final - Lo que la ruleta se llevó.
Éramos dos parejas. Fuimos de curiosos al casino, para pasar un rato, Ninguno de nosotros tenía pensado recuperar los gastos de las vacaciones, sino pasar un rato entretenido, mirando y jugando.
Pusimos $25 cada uno, creyendo que teníamos por lo menos una horita de diversión asegurada.
Fue impresionante ver con qué rapidez las fichas volaron del verde paño; no recuerdo si fueron tres o cuatro bolas, nada más.
Volvimos temprano al centro a caminar por la peatonal, a despejar la bronca de la cabeza.

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La sabiduría de aquel hombre

>> jueves, 3 de diciembre de 2009

Aquel hombre habia absorbido del aire una suave manera de hablar, sus palabras eran brisa fresca para el que las escuchara, sus dichos eran bálsamo para las almas perdidas.

Aquel hombre de tanto mirar al bosque había adquirido una mirada añosa, de verde paz, que ahora reposa en sus ojos cristalinos.

Aquel hombre había aprendido de la inacabable soledad, del insondable silencio, una manera de ser pacífica, muy serena y cansina que se transmitía a todo aquel que se zambullía a la experiencia de compartir con él un momento de su vida.

Este hombre había aprendido a saber cuando era el momento adecuado para todo, cuando había que callar, cuando había que hablar y en ese caso, sabía con claridad las palabras que debía decir.

Este hombre ya se marchó pero dejó en la arena una clara huella que no se borrará tan fácil en la marea alta.

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Transcurso

>> martes, 1 de diciembre de 2009

A través del tiempo, compartiendo veladas, pasando juntos momentos varios incluyendo tragos amargos e inmensas alegrías, uno se va dando cuenta de muchas cosas, uno va encontrando las respuestas para esas preguntas acumuladas que torturan por las noches, que persiguen durante el día.

A través de la experiencia que da la existencia misma aprendemos a resolver intrincados enigmas, convivimos con cuestionamientos, a veces intrascendentes, lo que nos convierte en esmerados seres humanos, sociables, aptos para interactuar con otras personas, manteniendo a la vista el factor de lo imprevisto, inherente al caracter de ser vivo.

A través del transcurso de nuestras vidas vamos sumando anécdotas, hechos, encuentros, sucesos, que en conjunto nos brindan una escueta visión de lo que en realidad es el mundo, pero que nos informan con intachable veracidad el lugar que ocupamos en él y en la vida de los demás, cómo nos afectan y cómo los afectamos.

Todo tiene razón de ser, su correspondiente resolución, su motivo para ser, para suceder aquí, ahora y no antes ni después.

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