Eterno desvarío mental (sin solución a la vista)

>> domingo, 31 de mayo de 2009

Por más que nos esforcemos las cosas nunca salen como queremos; a veces salen mejor es cierto y ese resultado nos alegra, pero en definitiva no era lo que deseábamos. Intuyo un orden inconmovible, una línea caprichosa que no se deja influir.
Veo que nuestras acciones minúsculas no afectan el devenir, no lo perturban. Lo único que nos deja una ilusa sensación de libertad es la ridícula rebeldía que pretendemos demostrar con una improvisación dentro de un guión que no nos permiten modificar.
Somos actores interpretando nuestras vidas, apropiándonos de ella a través de los personajes, de recuerdos que ya nos pertenecen. Y en esa improvisación aún se hace lo previsto, lo ideal. Nuestros deseos, en si no conscientes, se ven satisfechos.

Ni hablar cuando las cosas salen peor de lo que habíamos planeado...

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Los eslabones perdidos de la historia [1]

>> miércoles, 27 de mayo de 2009

Señoras y señores, el espacio histórico que estaban esperando. Un material inédito de la época en que mi Secretario de Prensa y Difusión despuntaba el vicio en una FM de mediana monta. Material sin editar, listo para ser desmentido. Con ustedes... los interpretes!..........

Cuenta la leyenda que luego de la caída de Troya, los griegos emprendieron el regreso a su tierra natal. Mas los dioses no dejarían que todos volvieran. Los que lograron regresar tuvieron que soportar grandes desdichas y peligros.

Uno de los héroes que tuvo que sortear la mala leche de los dioses fue Ulises de Itaca, el inventor del caballo de madera (para alegría de todos los niños que aman las calesitas). Tal vez el relato más conocido sobre nuestro héroe de hoy sea la historia de las sirenas, seres mitológicos mitad pez y mitad mujer (quiere decir que eran medio taradas y medio pescadas), cuyas voces enloquecían y excitaban a los marinos que las escuchaban. Nuestro héroe se hace atar al palo mayor de su barco para poder escucharlas sin caer bajo el encanto de sus voces.

Pero ¿qué fue realmente lo que ocurrió? ¿Por qué hizo Ulises semejante cosa? Es un misterio que intentaremos develar en... Los Eslabones Perdidos de la Historia.

(Ruido de mar y viento)

Escúpitis: ¡Salve, Cólitis! Que linda mañana pa´ navegar ¿no?

Cólitis: ¡Salve, Escúpitis, hermano marino! Es cierto, es una hermosa mañana. Bueno, en realidad, es lindo despertar y sentirse hombre todavía ¿no sabés cuándo llegaremos a puerto? Esto de dormir boca arriba me hace pelota la cintura.

Escúpitis: ¿Y qué querés? Hace como diez años que no le vemos la cara a Venus y los muchachos andan medio desesperados.

Cólitis: Pa´ peor, el capitán anda medio como loco. Quiere llegar a Itaca lo antes posible. Parece que hay unos chabones que le quieren chorear a la jermu.

Escúpitis: Sí. Dicen que la loca se la pasa tejiendo y destejiendo escarpines. Un monstruo el Ulises. Mientras estuvo en la Guerra de Troya ya fue papá cinco veces. Bastante rapidonga la Penélope.

Cólitis: ¡Guarda! Callate que ahí viene.

Ulises: ¿Qué tal Cólitis? Salve, Escúpitis ¿qué andan haciendo?

Escúpitis: Acá andamos. Rogando a los dioses que nos manden viento pa´ llegar rapidito a casa, o por lo menos, con la popa sana.

Cólitis: ¿Y usted? ¿Qué anda haciendo?

Ulises: Bueno, como ustedes saben, estamos atravesando el territorio de las sirenas, cuyos cantos son muy conocidos.

Escúpitis: ¿Sus cantos? No Ulises. Si de la cintura para abajo son pescados. Eso me hace acordar a una mina que conocí en Atenas: tenía cara de bagre, bigotes de calamar y olor bacalao podrido.

Cólitis: ¡Ah, sí! Dicen las malas lenguas que tenía algo de tararira también ¿cómo era que se llamaba...? Ahí está: Boloccosa... Cobraba caro. Me acuerdo que había enganchado un vendedor turco...

Ulises: Tá bien muchachos. Basta de recuerdos. Lo que les estaba diciendo es que voy a hacer que me aten al palo mayor del barco para escuchar sus maravillosas voces y sus hermosas canciones. Dicen que son maravillosas.

Escúpitis: ¿Y para qué quieren que lo aten? ¿Tiene ganas de que alguna se suba al barco y le pegue con el látigo como usted hizo con el marinero oficial Schutt?

(Algo de Schutt, cortito)

(Sigue ambiente de mar)


Ulises: Eh... No. Eso fue para que deje de cantar y bailar al ritmo del tambor. Es que los remeros ya andaban medios locos. Para peor, me parecía que disfrutaba cuando le pegaban. Bueh... Cambiando de tema ¿alguno de ustedes me puede atar al palo mayor?

Cólitis: Sí, pero... ¿para qué?

Ulises: Dicen que las voces de las sirenas enloquecen a los hombres: todos los marineros que las han escuchado se han vuelto locos y se han lanzado al mar, encantados, para tratar de poseerlas (a las sirenas). Pero nunca nadie pudo llegar hasta ellas, porque el mar siempre los engulló.

Escúpitis: ¡Uy! Que bueno. Si Chiche Gelblung escuchara esta historia, seguro que haría un ciclo de TV nuevo: “Las Primas, los pescados cantores”.

(Algo de las Primas)

Cólitis: No, bestia. Esos son gatos, no pescados.

(Ambiente de mar)

Escúpitis: Dígame, don Ulises ¿puedo atarme con ustedes para escuchar a las sirenas?

Ulises: Sí. Pero uno de cada lado del palo mayor. A ver si te emocionás mucho y...

Escúpitis: No se preocupe. No se me da por esos lados.

Cólitis: Bueno. Acomódense que los voy a atar. A ver, Escúpitis, aflojate un poquito.

Nuestro héroe es atado junto con su fiel marinero Escúpitis, a la espera de escuchar las encantadores voces de las sirenas.

Escúpitis:¿Y Ulises? ¿Falta mucho?

Ulises: Paciencia, Escúpitis. Ya llegará el momento.

Escúpitis: Lo que pasa es que una vez me comí un garrón terrible en otro recital: estuve esperando como cuatro horas a un cantante de cuarteto en Bahía Blanca... Para peor, cuando llegó venía con unas copitas y otras cosas de más. Un fiasco, monstruo. Me acuerdo también...

Ulises: ¡Silencio! Escucha ¿no sientes un sonido?

(Pablo Ruiz, bajito y subiendo de a poco)

Escúpitis: ¡Sí! Escuche ¡Qué maravilloso sonido!

Ulises:¡No¡ ¡esas no son sirenas! Ellas no cantan así.

(Baja Pablo Ruiz)

Ulises: Ah, por suerte nos estamos alejando.

Escúpitis:¿Qué sería eso? Parecía un tiburoncito blanco.

Ulises: Olvídalo, olvídalo. Escucha... Esas voces parecen de mujeres. Cállate así oiremos mejor.

(Bandana: Ey guapo, guapo)

Ulises: Seamos sinceros: son un asco cantando.¡ Pero cómo se mueven!

Escúpitis: Cierto, se mueven muy bien. Me lo comentó un productor de Pop Stars. Igualmente, me hacen acordar a un grupo inglés ¿a usted no?

Ulises: A esta altura no me importa nada ¡vení rubia!

Escúpitis: ¡Mami! ¡Cómo movés las aletas!

Ulises: ¡Vení colorada, que te hago al escabeche!

Las canciones y el griterío duraron horas. Al terminar el espeluznante espectáculo, Cólitis fue a desatarlos.

(Ambiente de mar)

Ulises: (cantando) Maldita noche ¿dónde estarás?

Escúpitis: (cantando) Ey, guapo, guapo.

Cólitis: Este... Muchachos ¿qué les pasa?

Ulises: Hola Cólitis ¿cómo estás rico? Soltanos por favor.

Cólitis: Ya va, ya va. Ahí tá ¡ey! ¿qué son esas carpitas? ¡no! ¡no! ¡suéltenme1 ¡NOOOOO!

Cuentan las crónicas de la época que Ulises volvió a su casa y recuperó a su mujer Penélope, que tres meses después le dio otro hijo varón. Escúpitis regresó con él y se siguieron embarcando en otras aventuras, aunque les costaba conseguir tripulación.

De Cólitis no se supo nada más.

(algo de Chayanne)

Algunos poetas cantan la vida de un portorriqueño que se le parecía mucho, que bailaba muy bien (dicen), que cantaba pésimo y actuaba peor, cuyo pasado es desconocido, pero nadie pudo asegurar si realmente se trataba de Cólitis.

Se trata simplemente, de otro de... Los Eslabones Perdidos de la Historia

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Literatura, ficción y más ciudades [3]

>> lunes, 25 de mayo de 2009

Aunque siga brillando la luna

"-¡Allá vamos! -gritó Biggs.
El grupo avanzó en silencio. Llegaron al límite de la ciudad dormida y muerta. Bajo la luz de las lunas mellizas, las sombras de los expedicionarios eran dobles. No respiraron, o por lo menos retuvieron el aliento durante algunos segundos.(...)
Spender, fascinado, observó las calles. Unas siluetas se movían como vapores azules por las calles empedradas. Se oían débiles murmullos y extraños animales huían precipitadamente por las arenas rojizas. Alguien saludaba desde las ventanas a unas sombras que se arrastraban bajo las torres plateadas por las lunas. Una música íntima sonaba débilmente y Spender imaginó las formas de los instrumentos que evocaban esa música. Era un país encantado."

Crónicas marcianas (Ray Bradbury)

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Ciudad Abierta

>> viernes, 22 de mayo de 2009

Estimados Ciudadanos, hoy les propongo dejar de lado las estructuras, las formalidades. Hoy, la idea es apelar a la verdad, a la libre expresión.
Como en aquel recordado (¿?) programa de televisión en el que el ciudadano común accedía a un micrófono y una cámara y contaba, decía, enumeraba lo que en ese momento quería, ahora, reformulo el formato para el monitor blogger.

Piensen que es una pared limpia, escriban sus graffittis y coloquen sus estenciles.

Piensen que es un cartel que dice, no sé, Ruta Nacional 205 y bórrenle la patita a la R para que quede otra palabra.

Si quiere decirme algo, este es el momento.

Si quiere en cambio ignorarme, tal vez sea el momento pero mis agentes de la Agencia Municipal de Libre Expresión y Censura los ajusticiarán.

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Participé en un concurso...

>> miércoles, 20 de mayo de 2009

...y por supuesto, no figuré ni en los créditos. Pero no importa, porque nunca se me ocurrió que iba a ganar. Lo organizó Blonda y esto fue lo que publiqué:

"En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere. Las dos veces que estuve en ese pueblo compré doce libros en un último intento desesperado por olvidarte. Leía bajo un roble, sentado en sus raíces y cobijado por su ramaje. Abracé la idea de morir en ese lugar, con un libro en las manos. Me pareció que tu recuerdo merecía un homenaje en tierras lejanas y pletóricas de historias de coraje y sacrificio. La primera vez, los doce libros se terminaron antes de que pudiera siquiera encontrar esa página huérfana de palabras. La segunda vez me aseguré que tuvieran esas malditas páginas asesinas espiando en la librería el contenido de los volúmenes. Los segundos doce libros pasaron sin ni siquiera haber sentido un pequeño dolor de cabeza.

Al volver a casa, abandonado por la misma Muerte, la encontré esperándome en la puerta.
- ¿Por qué me ignoraste? - pregunté
- No te ignoré, te di tiempo para que conocieras el verdadero motivo de tu muerte.
- Pero…
- Lo lamento, son las tres de la tarde."

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Fotografías ciudadanas

>> domingo, 17 de mayo de 2009

Podés estar saltando, gritando, llorando, riendo; tal vez nadando, pasándola bien, pescando, creando, trabajando.
Podés estar simplemente mirando el lente de mi cámara para quedar impreso para siempre.

En su naturaleza de evocar en quietud insoslayable la fotografía crea movimiento, imagina aromas, supone sonidos, piensa cosas nuevas, dice otras palabras.

Una fotografía cualquiera es un puente al pasado, otorgándole inobjetable realidad, es un recordatorio de implacable precisión, es un baúl de recuerdos donde reposan las imágenes que nuestra memoria creyó haber olvidado.



Update: un póstulo que habla de fotografías sin incluir una, no es de fiar...

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Lo indescifrable

>> viernes, 15 de mayo de 2009

Desde hace mucho tiempo, quizás más del que me quiero acordar me acosa un secreto infame, un misterio indescifrable, una pregunta insidiosa sin respuesta.
Cada vez que intento resolver este miserable acertijo, obtengo respuestas evasivas, sino totalmente opuestas.
De vez en cuando lo olvido, entierro esta obsesión opresiva y me pongo a hacer actividades culturales, como mirar Estudio País o deportivas, como mirar fútbol y algo de tenis.
Pero cuando vuelve su acoso, me invade una energía ancestral que me arrastra a hacer locuras. He viajado a Europa y a La Matanza, a Capital y a Capitán Bermúdez buscando la esquiva respuesta, la iluminación a este oscuro rincón de ignorancia.
Ya en mis fueros políticos, no he podido olvidar esta pregunta. Utilicé los fondos públicos (más de lo aconsejable) para bucear en los algoritmos, en las fórmulas secretas que desentrañarían este secreto.
Les juro que agoté todas las opciones que me parecieron correctas. Incluso, ahora ya desesperado, les preguntaré a ustedes, acaso tengan la respuesta.
















¿Alguien sabría decirme si Tracy Chapman es hombre o mujer?

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Apertura oficial

>> miércoles, 13 de mayo de 2009

Buenas tardes, señoras y señores!
Antes que nada quisiera agradecer a todos por estar acá presentes en la inauguración de una obra más de nuestra gestión, una obra que suma para el confort de los ciudadanos, para la calidad de vida de nuestros hijos y para que lo disfruten además quienes vienen a visitarnos.
Tenemos entre los presentes la gente de prensa que amablemente ha venido a cubrir este sencillo pero emotivo acto que engalana nuestra gestión y enorgullece a quienes desde la intendencia tenemos la responsabilidad de obtener el bien común de todos y cada uno de nuestros vecinos.
Esta nueva oficina, obra planificada para habilitar en un par de meses, brindará apoyo a aquellos que más lo necesitan, estableciendo un nuevo canal de comunicación para las necesidades y reclamos de los sectores más urgentes.
Pero a quien en verdad hay que agradecer es a ustedes mis queridos vecinos, que sin su inestimable aporte, hoy no estaríamos acá, abriendo las puertas de este maravilloso lugar de servicio y encuentro ciudadano.
Sin más preámbulos, dejamos inaugurado esta nueva ala de sanitarios de la plaza Rigoberto Janés!
Aplausos!
Int. Etienne

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El Cerro

>> lunes, 11 de mayo de 2009

Era un lugar mágico, se veía increíble desde la cima del inacabado cerro. Allí, cerca de la ciudad, podías trasladarte a cualquier lugar que quisieras, sólo con la mente... La visión abarcaba todo el mundo, o por lo menos esa era la sensación. Podías imaginar cómo el globo se iba doblando como succionado por un poderoso centro de gravedad, curvándose hasta cerrarse sobre sí mismo y plegarse en el otro lado. El viento que allí hay en forma permanente completa la fortaleza de los poderes naturales arrastrándote hasta el borde y obligándote a aferrarte a las rocas para no caer. Los árboles tachonan el faldeo del cerro y las planicies en oscuros montes siniestros. Los cables de acero que apuntalan las gigantescas antenas, forzados por el aire en movimiento, crean sonidos lúgubres, con una deprimente cadencia que hiela la sangre. Al este, bien en la lejanía, casi cayéndose del cuadro, reposaba tranquilamente el desvelo de mis noches de verano. Aquel inaccesible cerro me turbaba los sueños, se metía en mis conversaciones, creaba un desconcierto que yo no podía controlar y una angustia me invadía cada vez que lo miraba, cada vez que lo pensaba.
Es un espectáculo que no cansa la mirada pues tiene esa originalidad que es única en la naturaleza. Sólido contra el azul frío del cielo, perdido entre las nubes de algodón, oculto tras las tormentas de verano, coronado por la neblina de la mañana, estoico en lucha con el viento. A veces, desde la ruta que lo bordea por el sudoeste, se lo puede ver, flanqueado por su hermano menor, marcando su orgulloso perfil e imponente en su altura. Yo lo veía y no sabía darme cuenta qué era lo que me quería decir...
Un día de febrero, de esos en que uno está de mal humor, que perdés la paciencia al menor comentario inocente y que todo te cae mal, a eso de las dos de la tarde, me fui a limpiar el lava-pié en la entrada de la pileta riñón, para no tener que soportar los comentarios sarcásticos de Mirta, una simpática mujer que desde hace tres años dirige a su gusto el balneario municipal, aunque es justo decir que no lo hace del todo mal. Al bajar la escalera, se me ocurrió que nunca lo había entendido porque su mensaje no me llegaba, no lograba establecer contacto. Necesitaba encontrar una forma de calmar la inquietud en que me encontraba y pensé que la mejor manera de hacerlo era enfrentarme a él, y vencerlo. La temporada de los natatorios terminaba el fin de semana previo al comienzo de clases, por lo que el momento ideal era en Semana Santa. No había otra, estaba decidido. Por entre medio de las ramas del parque, el cerro me esperaba, sin inmutarse.
Siempre es difícil desprenderse de las cosas aunque no sean más que eso, meros objetos. Pienso que debe ser que nos recuerdan momentos, vivencias o los consideramos una especie de amuleto para la suerte. Así fue que tuve que vender ciertos elementos de valor sentimental para comprar todo lo necesario, desde la mochila y la ropa más todo el equipamiento básico y alguna que otra cosa superflua pero que a los ojos del vendedor eran indispensables para que no muera lenta y dolorosamente en la aventura. El tiempo se me fue en preparativos, desde conseguir el permiso del dueño del campo, hasta alguna carta topográfica, sabios consejos de gente que había subido y todo tipo de recomendaciones útiles. Intenté la compañía de un amigo; no podía, era el cumpleaños de su novia. Una semana antes estuvo todo listo y yo, dominado por la impaciencia, dormía muy mal, andaba distraído y nervioso en el trabajo y dos veces estuve a punto de suspender la excursión porque el pronóstico del tiempo daba lluvias y tormentas para el fin de semana.
Cada vez era más claro el mensaje, se iba formando en mi cabeza, tenía forma, empezaba a saber cuál era el motivo, me golpeaba con fuerza, me provocaba un desconcierto sin control; un temor indefinido se me instaló firme en los huesos, una especie de incertidumbre comenzaba a invadirme. Todas estas sensaciones, el malestar físico que se hacía insoportable, el frío que me azotó en todo momento, todo desapareció cuando en un último paso, esforzado movimiento, me aferré con una mano a la gran antena y después de apoyarme con firmeza sobre los pies, levanté la vista y disfruté del mejor paisaje que la naturaleza puede ofrecer a los ojos de un ser viviente.

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Sensaciones ciudadanas: me siento intolerante

>> viernes, 8 de mayo de 2009

Por más grande que sean las letras de tu cartel en la puerta, la gente no lo leerá.

De la misma manera, mayor cantidad de automovilistas doblará a la izquierda cuanto más peligrosa sea esa maniobra y en proporciones similares al tamaño del cartel.

Se debería cambiar la frase “El cliente siempre tiene la razón” por otra que dice “El vendedor siempre tiene la culpa de que el producto sea defectuoso o el servicio deficiente”.

A mayor tamaño del vehículo, mayor irresponsabilidad al conducir. Si la calle es angosta, habrá una gran cantidad de vehículos estacionados en doble fila. Si la calle es ancha, habrá tres filas.

Lo que siempre escasea en los Bancos y que son necesarios para las largas esperas, son bancos.

¿Existe la promoción esa que vi por la tele? Y sí señora, si la acaba de ver es porque existe…

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Otras ciudades [5]

>> jueves, 7 de mayo de 2009

Puan (BUENOS AIRES)

Éramos tres amigos y yo era el único con el permiso para conducir. El Citroen 2CV navegaba entre la neblina de la ruta mientras Marcos movía con su brazo el limpiaparabrisas para evitar que se empañara el vidrio y Pancho anunciaba que otro cocha más veloz estaba a punto de pasarnos.
Al llegar a la carpintería, nos cambiamos y perfumamos para ir a bailar. Nos íbamos a encontrar con un par de amigos y varias amigas en Ibiza, el boliche top de la ciudad. En realidad, aunque bien decorado y ambientado, era bastante pequeño. Enseguida Marcos se encontró con una chica que lo apartó hacia la barra. Nosotros nos quedamos bailando frente a la pantalla gigante, en la cual vi por primera vez videos como Amazing y Patience.
Cerca del final de la noche, habiendo hecho todo para no irnos solos, nos cruzamos a la confitería de enfrente donde hicimos nacer la famosa combinación "submarino-tostado" que cerraba la noche y que perdura para mi por lo menos hasta hoy.
Esperamos que Marcos se despidiera de su chica y nos volvimos, más tranquilos, a subir al 2CV.

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Loca teoría de las calles y el destino.

>> lunes, 4 de mayo de 2009

Nací en un hospital, ubicado en una calle con ascendencia francesa pero teñida de colonialismo y virreinato. No estuve mucho, tal vez un par de días nada más.

Cuando me llevaron a casa, significó una verdadera independencia, el nacimiento de un país. Pero reconozco que todavía hoy trato de certificar y revalidar el significado de esa calle. Mis viejos nunca se mudaron y siguen luchando por esa libertad, todos los días.

La etapa universitaria me llevó a luchar y combatir lado a lado con un marino que aún nacido en un país lejano, amó la tierra argentina.(Update: su hija se suicidó al fallecer su prometido en la batalla de Monte Santiago. Gracias Lux!)
Y al final de mi carrera, los mejores momentos universitarios pasaron entre el cálido clima ecuatorial y la riqueza histórica y material de los pueblos originarios americanos.

El hoy me encuentra formando una nueva familia, en esta ciudad global, visible.
Lo único que todavía no termino de darme cuenta es si la calle donde vivo tiene que ver con que soy un adelantado o con los sabores, los efectos, los placeres del vino…

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